viernes, 2 de octubre de 2026

Una jubilada necesita casi dos haberes mínimos aun con vivienda propia
La canasta mensual de una mujer mayor que vive sola alcanzó los $949.448 en agosto y superó los $1,5 millones cuando debía pagar alquiler o medicina prepaga, mientras la jubilación mínima con bono fue de $489.775,93.
Una mujer de 75 años o más que vivía sola y tenía vivienda propia necesitó $949.448 durante agosto para cubrir sus gastos básicos, casi el doble de los $489.775,93 que recibió una jubilada con el haber mínimo y el bono extraordinario. Si debía pagar alquiler, la canasta ascendió a $1.547.027, mientras que para quien contaba con vivienda propia pero abonaba una prepaga llegó a $1.602.512. Los datos surgen del Sistema de Canastas de Consumo para Personas Adultas Mayores elaborado por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.
La medición incluye alimentación, vivienda, servicios públicos, comunicaciones, transporte, salud, mantenimiento del hogar, indumentaria, cuidado personal y esparcimiento. No se trata, por lo tanto, de una estimación limitada a la supervivencia, sino del costo necesario para garantizar condiciones básicas de bienestar y una vida digna. Incluso en el escenario más favorable, la jubilación mínima con bono solamente cubrió el 51,6% de esa canasta.
La situación se volvió todavía más crítica para las personas mayores que no contaban con vivienda propia. Una mujer jubilada que alquilaba necesitó más de tres haberes mínimos para afrontar sus gastos mensuales y enfrentó una diferencia de $1.057.251 entre sus ingresos y el costo de la canasta. En el caso de una mujer con medicina prepaga, la brecha alcanzó los $1.112.736.
Los valores también muestran que el deterioro no se limita a quienes viven solas. Una pareja en edad jubilatoria y con vivienda propia necesitó $1.714.568 durante agosto, mientras que el costo ascendió a $2.526.219 si alquilaba y a $3.020.695 si pagaba una prepaga. Aun si ambos integrantes percibieran la jubilación mínima con el bono, sus ingresos no alcanzarían para cubrir ninguno de los tres escenarios relevados.
La evolución interanual profundizó esa distancia. Entre agosto de 2025 y agosto de 2026, las canastas correspondientes a mujeres mayores que viven solas aumentaron entre 33,9% y 38,5%, según su situación habitacional y sanitaria. En el mismo período, el haber mínimo con el bono pasó de $384.305,37 a $489.775,93, una suba de alrededor del 27,4%, por debajo del encarecimiento de todas las canastas analizadas.
Los medicamentos agregaron otra presión sobre ingresos que ya resultan insuficientes. El Índice de Precios de Medicamentos de la Defensoría porteña registró en agosto una suba mensual del 2% y un incremento interanual del 27,7%. Los psicofármacos encabezaron las variaciones de los últimos doce meses, con un 36,8%, seguidos por los medicamentos cardiovasculares y para la presión, que aumentaron un 32,8%.
Dentro de este último grupo se observaron incrementos mensuales especialmente altos en medicamentos utilizados para tratamientos crónicos: el acenocumarol aumentó 6,5%, el atenolol 6,4% y el alprazolam 5,7%. Estos gastos no son optativos para quienes necesitan sostener tratamientos permanentes. Cada aumento obliga a recortar alimentación, servicios u otras necesidades indispensables cuando los ingresos previsionales permanecen muy lejos del costo real de vivir.
Los informes vuelven a demostrar que el problema previsional no puede reducirse a la actualización mensual determinada por la inflación oficial. Cuando la jubilación mínima cubre apenas la mitad de la canasta más económica, el ajuste deja de ser una discusión estadística y se convierte en privaciones concretas. Para miles de personas mayores, haber trabajado y aportado durante toda una vida ya no garantiza los ingresos necesarios para alimentarse, cuidar su salud y conservar una vivienda digna.





