Doval: “No podemos volver a tener un peronismo que no distribuya riqueza”

El dirigente de los trabajadores municipales reclamó construir un nuevo proyecto nacional y popular con el trabajo y la justicia social nuevamente en el centro.

El secretario general de la Confederación de Trabajadores Municipales de la República Argentina (CTM), Hernán Doval, planteó la necesidad de reconstruir un proyecto político capaz de enfrentar el modelo de Javier Milei, pero advirtió que una alternativa nacional y popular no puede limitarse a un cambio de gobierno. “Nosotros no podemos volver a tener un peronismo que no distribuya riqueza”, afirmó durante una entrevista en Un País en Serio, por Radio Con Vos, con el conductor del programa, Gustavo Cano, y los periodistas Rodrigo Agustín y Cecilia Lloret.

Doval sostuvo que la discusión hacia el futuro debe superar la disputa anticipada por las candidaturas y concentrarse en definir qué proyecto pretende ofrecer el peronismo a una sociedad atravesada por el deterioro de sus condiciones de vida. “No nos volvamos locos con quién va a ser el candidato. Construyamos un proyecto”, reclamó, y recordó que un año antes de la llegada de Néstor Kirchner a la Presidencia prácticamente nadie imaginaba que sería quien encabezaría una nueva experiencia política.

Para el dirigente municipal, el punto de partida debe ser la distribución del ingreso. “El gobierno que venga, el que podamos construir nosotros, tiene que distribuir riqueza, porque hoy lo que ha habido es un proceso de empobrecimiento de la gran mayoría de la sociedad”, sostuvo. Y abrió una discusión que considera todavía pendiente: “¿Cómo vamos a distribuir riqueza? ¿Vamos a hacer de vuelta cooperativas? ¿Vamos a hacer planes? ¿Qué vamos a hacer? Hay que pensarlo”.

La definición también incluyó una mirada crítica sobre experiencias recientes del propio peronismo. Doval recordó sus diferencias con políticas laborales del gobierno anterior y sostuvo que la identidad política no puede utilizarse para postergar los reclamos de los trabajadores. “Para tener un peronismo que no distribuye riqueza, no cuenten conmigo”, sintetizó.

Esa exigencia de coherencia atravesó buena parte de su análisis. El dirigente cuestionó que existan gobiernos municipales identificados con el campo nacional y popular que reivindiquen públicamente los derechos laborales mientras mantienen salarios extremadamente bajos. Como ejemplo, señaló la existencia de un municipio del conurbano bonaerense donde el salario básico municipal ronda los 150 mil pesos.

“Un intendente que cuando escucha los discursos de Cristina hablando de los derechos de los trabajadores, de tanto aplaudir le salen callos en la mano, pero después paga 150 mil”, ironizó. Para Doval, recuperar credibilidad requiere resolver esa contradicción: “Lo que también necesitamos para tener un proyecto nacional y popular, y que la gente pueda creer en un proyecto nacional y popular, es un poco de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace”.

El dirigente reivindicó en ese sentido el papel del Estado municipal, al que definió como el primer contacto cotidiano de millones de ciudadanos con el sector público. Desde los pequeños pueblos fronterizos hasta los grandes distritos metropolitanos, sostuvo, son los trabajadores municipales quienes garantizan servicios que inciden directamente sobre la calidad de vida.

“Los municipales hacen soberanía”, afirmó al recordar su recorrido por localidades fronterizas y regiones como El Impenetrable chaqueño, donde en muchos casos el municipio constituye prácticamente la única presencia permanente del Estado. Recolección de residuos, atención sanitaria, cementerios, mantenimiento urbano y asistencia cotidiana forman parte de una estructura estatal cuya importancia, señaló, quedó particularmente expuesta durante la pandemia.

Doval recordó que mientras buena parte de la población permanecía en sus hogares durante las primeras semanas de la emergencia sanitaria, miles de municipales continuaron trabajando para garantizar servicios esenciales. “Nosotros, los municipales, ya fuimos a trabajar”, señaló, y recordó también a los trabajadores que murieron durante aquellos meses.

Pero su reivindicación del Estado no estuvo desligada de una discusión sobre su calidad. Doval defendió la profesionalización de la carrera municipal, la estabilidad laboral, las paritarias y la capacitación como condiciones necesarias para garantizar mejores políticas públicas. “Nosotros queremos prestar un servicio público de calidad”, sostuvo.

El dirigente vinculó directamente esa discusión con la justicia social. Un municipio con recursos puede garantizar recolección diaria de residuos, centros sanitarios cercanos y mejores prestaciones, mientras una localidad pobre puede ofrecer servicios considerablemente más precarios. Para Doval, la intervención del Estado nacional destinada a equilibrar esas diferencias constituye también una política redistributiva.

“El servicio público local tiene que ser un elemento igualador, un elemento de justicia social”, explicó. “Si el Estado nacional ayuda a los municipios para mejorar la calidad del servicio público, es una forma de redistribución de la riqueza”.

La entrevista también dejó definiciones sobre el sindicalismo y los cuestionamientos permanentes contra las organizaciones de trabajadores. Doval rechazó la idea de una supuesta “casta sindical” presentada como una particularidad del movimiento obrero y contrapuso esa caracterización con la estructura del poder empresario.

“A mí me votan cada cuatro años. Yo cada cuatro años pongo la urna y me tienen que poner los votos. Al empresariado que maneja, ¿quién lo vota?”, planteó. Y agregó: “¿En la UIA no hay una casta? Hay una casta porque la empresa la heredo, después la hereda el nieto”.

Doval consideró que detrás de la estigmatización de sindicatos y trabajadores estatales existe una disputa concreta por la distribución del poder económico. “Al sindicalismo se lo trata de debilitar. ¿Para qué? Para poder avanzar con concentraciones económicas, para poder avanzar sobre derechos, para hacer un banco de horas, para sacarte derechos. Eso es plata”, señaló.

Sin embargo, también planteó que las organizaciones sindicales necesitan revisar sus propias herramientas frente a una estructura laboral profundamente transformada. Con cerca de la mitad de los trabajadores en condiciones de informalidad, advirtió, las formas tradicionales de protesta ya no necesariamente tienen la misma eficacia y requieren nuevas estrategias.

“Hay que encontrarle una vuelta que tiene que ver con estos nuevos tiempos”, afirmó. Para Doval, el sindicalismo necesita intervenir con mayor fuerza en la disputa de ideas, comprender las nuevas formas de comunicación y encontrar mecanismos capaces de representar a un mundo laboral mucho más fragmentado.

También reclamó una renovación cultural dentro del campo nacional y popular. “Los dirigentes del campo nacional y popular tenemos que combatir la vanidad que todos llevamos dentro”, señaló al referirse a las dificultades para construir colectivamente en una época atravesada por la exposición permanente en las redes sociales.

Su planteo sobre la renovación tampoco se redujo a una cuestión generacional. Doval advirtió que existen dirigentes jóvenes con prácticas envejecidas y dirigentes mayores capaces de comprender las transformaciones contemporáneas. El problema, sostuvo, pasa por la capacidad de interpretar la sociedad y construir herramientas políticas adecuadas al momento histórico.

Frente a la discusión sobre la participación de dirigentes sindicales en las listas electorales, volvió a colocar el objetivo por encima de los cargos. Recordó su experiencia como diputado provincial, cuando participó en la elaboración de la ley que restituyó derechos colectivos a los trabajadores municipales bonaerenses, pero cuestionó la búsqueda de representación política como un fin en sí mismo.

“¿Cuál es el propósito?”, preguntó. Para Doval, cuando un dirigente ocupa un cargo sin un objetivo relacionado con las necesidades de los trabajadores, corre el riesgo de desdibujar también su representación gremial. “Hoy los dirigentes sindicales lo que tenemos que hacer es revalorizar el trabajo sindical y revalorizar el trabajo gremial”, afirmó.

Sobre el final, todas esas discusiones convergieron en una definición sobre el futuro del peronismo. Doval descartó la posibilidad de reproducir mecánicamente experiencias anteriores y sostuvo que cada etapa histórica necesita construir su propia síntesis.

El desafío, afirmó, no consiste en encontrar otro 2003 sino en construir una alternativa para la Argentina actual. Una alternativa que, para tener sentido desde la tradición política que reivindica, deberá recuperar una definición elemental: “El peronismo es el partido de los trabajadores”.

Y para Doval esa identidad tiene una traducción concreta. Frente al empobrecimiento producido por el modelo de Milei, la próxima experiencia nacional y popular deberá discutir cómo recuperar salarios, fortalecer el trabajo, reconstruir servicios públicos y distribuir nuevamente la riqueza. Porque, como dejó planteado durante la entrevista, volver al gobierno sin resolver esa cuestión significaría dejar pendiente aquello que debería constituir su razón de ser.

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Redacción general del portal.

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