lunes, 3 de agosto de 2026

Mucho más que un Mundial
A horas del inicio de la Copa Mundial organizada por Estados Unidos, Canadá y México, la expectativa deportiva convive con un escenario internacional atravesado por conflictos armados, tensiones diplomáticas y disputas geopolíticas. Los grandes eventos deportivos no suspenden la historia: también forman parte de ella.
Cada cuatro años el Mundial detiene, al menos por unas semanas, el ritmo habitual de la agenda pública. Millones de personas organizan sus días alrededor de los partidos, los medios modifican sus coberturas y las conversaciones cotidianas cambian de eje. Mientras tanto, las guerras, las crisis humanitarias y las tensiones políticas no desaparecen. Simplemente dejan de ocupar el centro de la escena.
Los grandes acontecimientos deportivos nunca son completamente ajenos a la política. Como señala John Horne (2007), los megaeventos deportivos constituyen espacios donde los Estados proyectan imagen, legitimidad e influencia internacional. No se trata únicamente de organizar una competencia. También se construyen relatos sobre liderazgo, desarrollo y prestigio.
En ese contexto, el Mundial organizado principalmente por Estados Unidos adquiere un significado que trasciende lo deportivo. El país anfitrión tendrá durante semanas la atención de buena parte del planeta. Esa visibilidad representa una oportunidad para fortalecer su imagen internacional, independientemente de los debates que existan sobre su política exterior o sus intervenciones en distintos conflictos internacionales.
El fútbol posee una capacidad única para reunir a millones de personas alrededor de un mismo acontecimiento. Esa fuerza simbólica puede convertirse en una oportunidad para el encuentro, pero también desplaza temporalmente la atención sobre conflictos que continúan desarrollándose fuera de los estadios.
Las controversias que involucraron a la delegación de Irán durante la previa del torneo también reflejan esa tensión. Si una selección enfrenta condiciones que afectan su preparación o recibe un trato diferente al dispensado a otras delegaciones, el problema deja de ser exclusivamente deportivo. La igualdad de condiciones constituye uno de los principios fundamentales de cualquier competencia internacional y debería preservarse con independencia de los conflictos diplomáticos existentes entre los Estados.
El deporte puede convertirse en un espacio de encuentro precisamente porque establece reglas comunes para quienes participan. Cuando esas reglas parecen condicionadas por intereses políticos, la confianza en la competencia también comienza a debilitarse.
No todas las noticias previas al Mundial, sin embargo, invitan al mismo diagnóstico. La ampliación del número de selecciones participantes permitió una presencia significativamente mayor del continente africano. Durante décadas, numerosos equipos africanos demostraron un nivel competitivo que contrastaba con la escasa cantidad de plazas disponibles. La nueva distribución constituye un reconocimiento a un crecimiento deportivo que llevaba años reclamando mayor representación.
Como sostiene Joseph Nye (2004), el poder internacional no depende únicamente de la fuerza económica o militar. También se construye mediante la capacidad de influir a través de la cultura, los valores y los símbolos. El fútbol forma parte de ese escenario, donde también se disputan formas de representación e inclusión.
La incorporación de más selecciones africanas amplía las posibilidades de participación y enriquece la diversidad competitiva del torneo. Un Mundial verdaderamente global no debería limitarse a reunir a las potencias tradicionales del fútbol, sino reflejar la pluralidad de un deporte que hace tiempo dejó de pertenecer a unas pocas regiones.
El Mundial volverá a ofrecer imágenes inolvidables, historias de superación y emociones compartidas. Pero también recordará que ningún acontecimiento deportivo ocurre aislado del contexto político, económico y cultural que lo rodea.
Durante un mes el mundo mirará hacia las canchas. El desafío será no dejar de mirar, al mismo tiempo, todo aquello que continúa ocurriendo fuera de ellas.
Referencias
Horne, J. (2007). The Four «Knowns» of Sports Mega-Events. Leisure Studies, 26(1), 81-96.
Nye, J. S. (2004). Soft Power: The Means to Success in World Politics. PublicAffairs.
Hobsbawm, E. (1992). Naciones y nacionalismo desde 1780. Crítica.
Allison, L., & Monnington, T. (2002). Sport, Prestige and International Relations. Government and Opposition, 37(1), 106-134.






