La industria argentina, golpeada por políticas libertarias, enfrenta una crisis con millas de despidos, quiebras y una alarma caída del consumo. Las pymes son las principales víctimas de un modelo económico que no parece tener freno.
El año 2024 cerró con una grave crisis para el sector productivo argentino, arrastrado por las políticas de ajuste del gobierno libertario. La apertura masiva de importaciones y el cese de subsidios a sectores clave generaron un panorama sombrío para las empresas nacionales, tanto grandes como pequeñas. En este contexto, los cierres y despidos masivos no fueron excepcionales, sino una tristeza constante que refleja la magnitud del daño.
El Informe de Coyuntura Industrial PyME, firmado por Daniel Rosato, presidente de Industriales Pymes Argentina, dejó en claro que la industria local se encuentra al borde del colapso. En septiembre de 2024, la caída interanual del empleo registrado fue del 2,2%, lo que resultó en la pérdida de más de 200.000 puestos de trabajo. El cierre de 10.211 empresas durante el mismo período evidencia la fragilidad del sector, con la industria y la construcción como los sectores más afectados.
El consumo, uno de los motores de la economía, siguió en caída libre. Las ventas en supermercados cayeron un 17,8%, los mayoristas vieron una baja del 22,8% y los shoppings registraron una reducción del 7,8%. La pérdida del poder adquisitivo y la creciente inflación fueron las principales causas de este desplome, lo que plantea desafíos inmediatos para reactivar el consumo interno y evitar una crisis aún más profunda.
Por otro lado, el Uso de la Capacidad Instalada alcanzó solo el 62,3% en noviembre, marcando una caída interanual del 66,4%. Este indicador refleja la incapacidad de las empresas para utilizar su capacidad productiva en un contexto de demanda interna en descenso y condiciones económicas desfavorables.
La crisis no se limitó a las pymes: grandes empresas de sectores claves también se vieron obligadas a reducir su producción o incluso cerrar sus puertas. SanCor, Los Grobo, Agrofina y Red Surcos, entre otras, anunciaron concursos de acreedores, acumulando deudas millonarias y amenazando con la quiebra. A nivel multinacional, al menos siete empresas de renombre, como HSBC, Xerox y Clorox, decidieron abandonar el país ante la imposibilidad de sostener su operación en un contexto de constantes políticas restrictivas.
El impacto fue especialmente dramático en el sector agroindustrial, donde empresas como Acindar (del grupo ArcelorMittal) suspendieron la producción debido a la baja demanda. Además, Ferrum, fabricante de sanitarios, paró sus plantas y realizó despidos, reflejando la crisis estructural de la industria nacional.
Las textiles también fueron fuertemente golpeadas, con empresas como Textilcom y AlpaCladd despidiendo a más de 300 trabajadores en Catamarca y La Rioja. Incluso en el sector alimentario, gigantes como Granja Tres Arroyos, Bimbo y PepsiCo recurrieron a despidos y suspensiones debido a la caída de la demanda y el aumento de los costos de producción.
El cierre de plantas, la paralización de la producción y la pérdida de puestos de trabajo en todo el país no parecen ser fenómenos aislados, sino el resultado de un modelo económico que favorece a las grandes corporaciones y las importaciones en detrimento de la industria nacional. Mientras tanto, las familias argentinas se enfrentan a un futuro incierto, con un consumo limitado y un panorama económico que sigue deteriorándose.
2025 se perfila como un año en el que las pymes y las grandes empresas seguirán luchando por sobrevivir en un mercado donde los despidos, los cierres y la pérdida de poder adquisitivo parecen ser las únicas certezas. Sin una política de reactivación industrial y de protección del empleo, el futuro del sector productivo de Argentina continúa siendo más incierto que nunca.