El oficialismo se quiebra una vez más: Javier Milei y Victoria Villarruel conmemorarán el 2 de abril en escenarios distintos, reflejando la creciente tensión dentro de un gobierno marcado por el ajuste y la falta de consenso interno.
El próximo 2 de abril, cuando Argentina recuerde a los caídos en la Guerra de Malvinas, el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel evitarán compartir escenario. Cada uno liderará un acto separado, dejando en evidencia no solo la fractura interna dentro del oficialismo, sino también las diferencias estratégicas y de discurso que atraviesan a la administración libertaria.
Milei encabezará un acto en la Plaza San Martín, en Retiro, donde rendirá homenaje a los 649 soldados caídos en la guerra de 1982. Sin embargo, la ausencia de Villarruel en la ceremonia presidencial no será casual: desde la Casa Rosada confirmaron que no fue convocada. Fuentes cercanas al Gobierno afirman que Milei busca evitar cualquier tipo de fisura pública en su discurso, privilegiando su propia agenda ultraliberal y su alineamiento con potencias extranjeras antes que una visión soberana sobre Malvinas.
Por su parte, la vicepresidenta viajará a Ushuaia, en la provincia de Tierra del Fuego, para participar de un acto con excombatientes. Con una postura nacionalista más marcada y un fuerte vínculo con los veteranos de guerra, Villarruel eligió un escenario simbólico para diferenciarse de la estrategia del presidente. La ciudad fueguina, por su cercanía con las islas, ha sido históricamente un epicentro de las reivindicaciones por la soberanía de Malvinas, un tema que Milei ha relativizado en su afán por congraciarse con los intereses de Reino Unido y Estados Unidos.
El distanciamiento entre ambos dirigentes no es nuevo. Las tensiones se intensificaron tras la apertura de sesiones ordinarias, cuando Milei interrumpió a Villarruel en un cruce que dejó expuestas sus diferencias. A esto se suman las críticas de la vicepresidenta hacia algunos ministros y el malestar en sectores del oficialismo por el avance de políticas de ajuste que han profundizado la crisis social y económica del país. Villarruel, respaldada por sectores militares y grupos conservadores, ha manifestado en reiteradas oportunidades su desacuerdo con la política exterior del Gobierno y su sumisión a los intereses financieros internacionales.
Desde el oficialismo, algunos sectores intentan minimizar la fractura, asegurando que se trata de “diferencias naturales” dentro de un espacio político diverso. Sin embargo, la falta de coordinación en la conmemoración de una fecha clave como el 2 de abril refuerza la idea de que la relación entre Milei y Villarruel es cada vez más distante y que las tensiones internas continúan socavando la ya débil estabilidad del Gobierno.
Más allá de los actos del 2 de abril, la relación entre el presidente y su vicepresidenta parece seguir un camino de ruptura progresiva. Mientras Milei apuesta a consolidar su liderazgo autoritario sin compartir protagonismo, Villarruel refuerza su perfil propio en un escenario cada vez más tenso dentro del oficialismo. La incógnita sigue siendo si esta fractura será solo una cuestión de posicionamiento político o el inicio de un quiebre definitivo dentro de una administración que sigue gobernando en contra de los intereses del pueblo argentino.