La Conferencia Episcopal Argentina celebra su primera reunión del año en un contexto marcado por la salud del pontífice y la indiferencia del gobierno nacional. La agenda incluye reflexiones pastorales y el fortalecimiento de la sinodalidad en tiempos de crisis.
Este martes y miércoles, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) llevará a cabo su primera reunión del año en el histórico edificio de la calle Suipacha, en el centro de Buenos Aires. El encuentro, que reunirá a la Comisión Permanente de la CEA, estará marcado por dos temas que han generado un profundo impacto en el seno de la Iglesia: la preocupación por la salud del papa Francisco y el silencio del presidente Javier Milei frente a la situación del pontífice.
Desde que el papa Francisco ingresó al Policlínico “Agostino Gemelli” el 14 de febrero debido a complicaciones respiratorias, los obispos argentinos han seguido de cerca cada actualización sobre su estado de salud. La figura del pontífice, no solo como máxima autoridad eclesiástica, sino también como referente espiritual y anímico para millones de personas, ha movilizado a la Iglesia en Argentina. En diferentes puntos del país, se han organizado misas y cadenas de oración, como la convocada por el arzobispo José García Cuerva en Constitución. Sin embargo, la preocupación sigue latente, y el tema ocupará un lugar central en los diálogos internos de los obispos durante esta reunión.
Pero no todo es solidaridad y oración. Lo que no ha pasado desapercibido entre los miembros de la CEA es la falta de pronunciamientos públicos por parte del presidente Javier Milei sobre la salud del papa. A pesar de la importancia religiosa y simbólica de Francisco, el gobierno nacional ha guardado silencio, limitándose a una publicación en redes sociales de la Secretaría de Culto. Mientras tanto, el titular de dicha secretaría, Nahuel Sotelo, viajó de manera discreta a Roma para acompañar el proceso de recuperación del pontífice. Este vacío de expresiones ha generado un malestar contenido dentro de la Iglesia, especialmente considerando la cercanía de los obispos argentinos con Francisco, cuya influencia sigue siendo fundamental para la conducción de la CEA.
En cuanto a la agenda de trabajo, los obispos se centrarán en las cuestiones pastorales que atraviesan la realidad nacional, con un énfasis especial en la misión, la sinodalidad y la articulación de las Regiones Pastorales. Estos temas no son menores en un contexto de crisis económica y social, donde la Iglesia busca fortalecer su presencia y su capacidad de respuesta ante las necesidades de la población. Además, se continuará profundizando en las perspectivas de trabajo para el trienio, con el objetivo de trazar líneas de acción claras que permitan a la Iglesia mantener su relevancia en un escenario cada vez más complejo.
La figura del papa Francisco sigue siendo un referente fundamental para los obispos argentinos, no solo en su calidad de líder religioso, sino también por el impacto que sus decisiones tienen sobre la pastoral y las directrices eclesiásticas en el país. En este sentido, la necesidad de solidaridad y apoyo hacia el pontífice será un punto central de la agenda, al tiempo que se buscará fortalecer los lazos entre la Iglesia y los desafíos sociales y políticos que atraviesa la Argentina.
En un momento donde la incertidumbre parece ser la única constante, la reunión de la CEA se presenta como un espacio clave para reflexionar sobre el rol de la Iglesia en la sociedad y su capacidad para acompañar a los más vulnerables. Sin embargo, también deja en evidencia las tensiones entre una institución que busca mantener su relevancia y un gobierno que, al menos en este caso, ha optado por el silencio.