El gobierno libertario de Javier Milei prometió un shock de confianza en los mercados, pero la realidad le da la espalda. Mientras el ajuste avanza sobre los sectores populares, los capitales especulativos también empiezan a darle la espalda al modelo ultraliberal. Las acciones argentinas que cotizan en Wall Street se desplomaron hasta un 10% y el riesgo país volvió a superar los 700 puntos, encendiendo luces de alerta sobre la sostenibilidad del plan económico del Ejecutivo.
El índice Merval, termómetro de la bolsa porteña, no fue la excepción: registró una caída superior al 4%, golpeado por la incertidumbre reinante. En tanto, los bonos soberanos profundizaron su tendencia negativa, con pérdidas de entre el 0,5% y el 0,7%, dejando en evidencia la desconfianza de los inversores ante un gobierno que se jacta de "ordenar" la economía, pero que sigue sin ofrecer un horizonte de estabilidad.
Entre las acciones más castigadas en Nueva York, Edenor lideró las pérdidas con un derrumbe del 10,3%, seguida de BBVA con un 10,2%. Banco Supervielle (-8%) y Transportadora Gas del Sur (-6,9%) completaron la lista de desplomes, reflejando el nerviosismo de los mercados frente a la falta de certezas. El riesgo país, que volvió a ubicarse en 706 puntos, se convierte en un claro indicador de la fragilidad económica: el costo de financiamiento para Argentina se encarece y la posibilidad de acceder a crédito internacional se vuelve cada vez más lejana.
Desde el gobierno intentan responsabilizar al contexto internacional, pero la inestabilidad de los mercados no es ajena a las decisiones del propio Milei. A la falta de definiciones sobre el acuerdo con el FMI se suma la presión sobre el dólar, los rumores sobre una posible devaluación y el impacto de un ajuste feroz que golpea el consumo y frena la actividad productiva. Sin un plan claro y con la motosierra como única bandera, la economía argentina se encamina hacia un escenario de mayor recesión y conflictividad social.
El desenlace del experimento libertario es incierto, pero los primeros resultados ya están a la vista: ni los trabajadores, ni la industria, ni los mercados encuentran señales de confianza en un gobierno que solo parece tener un horizonte claro cuando se trata de recortar derechos y privilegiar a los sectores más concentrados del poder económico.