El cierre de este icónico parque marino representa el fin de un espacio clave para la investigación y rehabilitación de fauna. Mientras los empleados lamentan la pérdida de sus puestos de trabajo, especialistas advierten sobre la falta de apoyo a proyectos de conservación. ¿Qué sucederá con los animales? ¿Y con la labor educativa que durante décadas brindó este lugar?
El Aquarium de Mar del Plata, un histórico centro de conservación, educación ambiental y entretenimiento, cerrará sus puertas el 31 de marzo tras 32 años de actividad. La falta de acuerdo en la renovación del contrato de alquiler con la familia Peralta Ramos condenó a este emblemático espacio, dejando en la incertidumbre el destino de su personal y de los animales que alberga. La noticia generó conmoción en la comunidad y reavivó el debate sobre la preservación de espacios dedicados a la fauna marina.
Desde su inauguración en 1993, el Aquarium fue un espacio de encuentro y aprendizaje para marplatenses y turistas. Más allá del entretenimiento, el parque marino desempeñó un rol fundamental en la investigación y preservación de especies marinas. Su centro de rehabilitación, reconocido a nivel nacional e internacional, rescató y devolvió al mar a innumerables animales heridos o en situación de vulnerabilidad.
Alejandro Saubidet, director científico del parque, manifestó su pesar ante la decisión: “Lo que más lamento es el cese del centro de rehabilitación. Nunca recibió subsidios y se financiaba exclusivamente con la entrada del visitante”. Una declaración que revela la falta de apoyo para la protección del medio ambiente y la creciente desinversión en espacios educativos.
El destino de los animales es una de las principales preocupaciones tras el cierre. Según Saubidet, los ejemplares nacidos en el parque serán trasladados a otros oceanarios y bioparques. Pero la separación entre cuidadores y animales será un golpe emocional profundo. “El vínculo es enorme, los han cuidado desde su nacimiento”, comentó el director.
Más allá de los protocolos de traslado, el cierre del Aquarium deja un interrogante sobre la continuidad de iniciativas de rescate y educación ambiental en la ciudad.
El Aquarium funcionaba en un terreno arrendado por la familia Peralta Ramos, históricos terratenientes de la ciudad. El contrato de 30 años venció en 2022 y, a pesar de las negociaciones, no hubo renovación. La falta de acuerdo en las condiciones del alquiler llevó a la clausura definitiva del parque marino.
Con la llegada del 31 de marzo, el Aquarium cerrará sus puertas para siempre. La ciudad perderá un espacio de aprendizaje y conservación, pero su legado quedará en la memoria de quienes lo visitaron y trabajaron en él. Para muchos, no será solo el adiós a un parque, sino al esfuerzo de décadas dedicado a la fauna marina.