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Nota Completa

Se fue Taty Almeida, una Madre que convirtió el dolor en lucha colectiva.

Publicado : 14/06/2026
(Review)

La histórica referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora falleció a los 95 años. Durante más de cinco décadas convirtió el dolor por la desaparición de su hijo en una lucha colectiva por la memoria, la verdad y la justicia.

La muerte de Taty Almeida cierra una de las trayectorias más emblemáticas de la historia reciente argentina. Presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, referente ineludible de la lucha por los derechos humanos y símbolo de resistencia frente a la impunidad, falleció este domingo a los 95 años luego de permanecer internada durante varias semanas. Su partida provoca un profundo dolor en los organismos de derechos humanos, en los movimientos populares y en amplios sectores de la sociedad que encontraron en su figura una referencia ética frente a los intentos de negar o relativizar los crímenes del terrorismo de Estado.

Nacida como Lidia Stella Mercedes Miy Uranga en 1930, su vida dio un vuelco definitivo el 17 de junio de 1975 cuando su hijo Alejandro Almeida fue secuestrado y desaparecido por la organización parapolicial Triple A. A partir de entonces comenzó un recorrido personal y político que la llevaría a convertirse en una de las voces más firmes en la búsqueda de justicia para las víctimas del terrorismo de Estado. Alejandro nunca apareció. Como miles de madres argentinas, Taty transformó el dolor más profundo en una militancia que trascendió generaciones y fronteras.

Desde fines de la década de 1970 se incorporó a las Madres de Plaza de Mayo y participó activamente de las históricas rondas frente a la Casa Rosada. Allí construyó una identidad política basada en la defensa irrestricta de los derechos humanos y en la convicción de que la memoria debía permanecer viva para evitar la repetición de las tragedias del pasado. Su voz acompañó cada juicio a los responsables del genocidio, cada acto de homenaje a los desaparecidos y cada movilización frente a los discursos negacionistas que intentaron cuestionar la magnitud del horror vivido durante la última dictadura cívico-militar.

Con el correr de los años, Taty se convirtió en una referencia moral para amplios sectores de la sociedad. Lejos de limitar su compromiso al reclamo histórico por los desaparecidos, intervino en debates vinculados a la democracia, la justicia social y los derechos de los sectores populares. Hasta sus últimos meses de vida continuó participando de actividades públicas, marchas y encuentros, incluso cuando las dificultades físicas la obligaban a movilizarse en silla de ruedas. Su presencia era una demostración permanente de que la lucha por la memoria no admite jubilaciones ni retiros.

La noticia de su fallecimiento generó una inmediata ola de mensajes de despedida provenientes de organismos de derechos humanos, dirigentes políticos, sindicatos, universidades y organizaciones sociales. Todos coincidieron en destacar la coherencia de una mujer que nunca abandonó sus convicciones y que sostuvo durante más de medio siglo una pelea desigual contra el olvido. Entre los homenajes sobresalieron los reconocimientos a su capacidad para tender puentes con las nuevas generaciones y transmitir la historia de las Madres como una experiencia viva y necesaria para la democracia argentina.

En tiempos atravesados por el resurgimiento de discursos autoritarios y por los intentos de relativizar los crímenes de la dictadura, la figura de Taty Almeida adquiere una dimensión aún mayor. Su vida constituye un recordatorio de que la democracia argentina fue construida también gracias a la persistencia de mujeres que se negaron a aceptar el silencio como destino. Su legado permanecerá asociado para siempre a las banderas de memoria, verdad y justicia que ayudó a levantar cuando hacerlo implicaba enfrentar el miedo, la persecución y la indiferencia.

Se fue una de las últimas grandes Madres. Queda su ejemplo. Queda su historia. Queda, sobre todo, la certeza de que mientras existan quienes continúen su camino, los 30.000 seguirán presentes ahora y siempre.