En diálogo con *Un País en Serio* por Radio Con Vos, el militante de la causa Walter Bulacio, Hugo Benítez, recordó la persecución policial contra los seguidores de Los Redondos y definió al fenómeno ricotero como el refugio de una generación golpeada por el neoliberalismo.
La muerte de Carlos “Indio” Solari sigue abriendo testimonios que permiten reconstruir no sólo la dimensión artística de su figura, sino también el lugar político, cultural y social que ocupó en la vida de millones de argentinos. En ese marco, Hugo Benítez, histórico militante de la causa Walter Bulacio, pasó por *Un País en Serio*, el programa que conduce Gustavo Cano por Radio Con Vos, y trazó un crudo retrato de los años noventa, cuando asistir a un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota implicaba enfrentarse a la violencia policial, las razzias y la criminalización de la juventud popular.
Benítez sostuvo que la persecución contra el público ricotero no era un hecho aislado ni una cuestión vinculada a la música. Por el contrario, la ubicó dentro de un contexto político marcado por el menemismo, el aumento de la desocupación, el gatillo fácil y las prácticas sistemáticas de hostigamiento policial contra los jóvenes de los barrios populares. “Uno iba a ver a Fito o a Charly y no pasaba eso. Con Los Redondos sí. Había un disciplinamiento social”, afirmó al recordar los operativos que se desplegaban antes de cada recital.
El entrevistado evocó las escenas que se repetían en aquellos años: la policía montada avanzando sobre los asistentes, las detenciones arbitrarias, las golpizas y las razzias masivas que se realizaban aun contra quienes tenían su entrada en la mano. Según explicó, para miles de jóvenes de los barrios obreros asistir a un recital de Los Redondos significaba exponerse a la misma violencia institucional que sufrían cotidianamente en las calles de sus barrios. “La esquina era un lugar de encuentro, pero también un lugar donde te podía caer un patrullero y la única salida era correr”, recordó.
A más de tres décadas del asesinato de Walter Bulacio, Benítez estableció un puente entre aquellas prácticas represivas y algunas escenas del presente. La reflexión surgió mientras observaba las movilizaciones espontáneas que se desarrollaban en Plaza de Mayo para homenajear al Indio. “Tuve un deja vu”, confesó. Y comparó las razzias de los noventa con las imágenes actuales de represión a jubilados y manifestantes frente al Congreso, en una lectura que vinculó la violencia estatal de distintas épocas contra sectores populares.
Para Benítez, buena parte de la identificación de los jóvenes con Los Redondos se explica precisamente porque las canciones narraban aquello que estaban viviendo. En un país atravesado por el desempleo, la exclusión y el avance de las políticas neoliberales, las letras del Indio funcionaban como una crónica alternativa de la época. “Era un desierto y Los Redondos eran de los pocos que contaban lo que estaba pasando”, señaló durante la entrevista.
El militante destacó especialmente la capacidad de Solari para construir mensajes políticos y sociales a través de la metáfora, sin recurrir a consignas directas ni discursos explícitos. Recordó que el propio músico explicaba que trabajaba cuidadosamente cada imagen poética para transmitir una idea sin caer en lugares comunes. Esa combinación entre complejidad literaria y potencia popular permitió que sus canciones atravesaran generaciones enteras y se transformaran en parte del lenguaje cotidiano de millones de personas.
Durante la conversación también apareció una dimensión menos conocida de la biografía del artista: su trabajo en un hogar de niños de la Ciudad de Buenos Aires. Benítez consideró que esa experiencia fue determinante para comprender la sensibilidad social que atraviesa gran parte de su obra. Según planteó, el contacto cotidiano con chicos de sectores humildes le permitió observar de cerca los efectos de la pobreza y la exclusión sobre amplias capas de la sociedad argentina. Esa realidad, sostuvo, quedó reflejada en muchas de sus letras.
La entrevista avanzó entonces sobre el fenómeno cultural construido alrededor de Los Redondos. Lejos de las interpretaciones superficiales, Benítez rechazó la idea de la “misa ricotera” como un simple ritual musical. Para él, aquellos recitales eran espacios donde miles de jóvenes encontraban una forma colectiva de tramitar dolores, frustraciones y expectativas en medio de un contexto social devastador. “Era el encuentro de los pibes rotos que exorcizaban el dolor”, definió en una de las frases más contundentes de la conversación.
Sobre el final, el militante resumió lo que significó la figura del Indio para quienes atravesaron la década neoliberal desde los márgenes. “Para los que queríamos otra cosa del mundo y de la vida, la voz y la letra del Indio eran ese viento que te empujaba contra la corriente”, afirmó. Una definición que ayuda a entender por qué, mucho después de terminados los recitales y aun después de su muerte, la figura de Solari continúa ocupando un lugar central en la memoria afectiva y política de amplios sectores populares de la Argentina.