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Nota Completa

A un año de la muerte de francisco

Publicado : 21/04/2026
(Review)

El primer Papa latinoamericano dejó una huella política, social y espiritual que aún incomoda a los poderosos y resuena en los márgenes del mundo

A un año de la muerte de Papa Francisco, la figura del pontífice argentino continúa proyectando una influencia que excede largamente los límites del Vaticano y se inscribe en el terreno más amplio de la disputa cultural y política global. Su papado, atravesado por una impronta pastoral enfocada en los sectores excluidos, puso en tensión tanto a las jerarquías eclesiásticas tradicionales como a los poderes económicos que sostienen un modelo de desigualdad creciente, convirtiéndolo en una referencia incómoda para el statu quo.

Desde su llegada al trono de Pedro en 2013, Francisco irrumpió como una anomalía en la historia reciente de la Iglesia Católica. Proveniente del sur global y formado en la compleja realidad social de Buenos Aires, construyó un discurso que cuestionó con persistencia la “cultura del descarte”, denunció el avance de un capitalismo financiero desregulado y reclamó una política al servicio de las mayorías. Sus encíclicas, especialmente Laudato Si’ y Fratelli Tutti, marcaron un giro doctrinal hacia una mirada integral que vincula la crisis ambiental con la injusticia social, desarmando la fragmentación con la que históricamente se abordaron estos problemas.

Ese posicionamiento no estuvo exento de conflictos internos. Durante su pontificado, Francisco enfrentó resistencias dentro de la propia Iglesia, donde sectores conservadores cuestionaron tanto sus reformas como su apertura hacia debates históricamente vedados. Sin embargo, lejos de retroceder, profundizó una línea que buscó transparentar estructuras, combatir abusos y acercar la institución a los fieles desde una lógica menos jerárquica y más pastoral. Esa tensión permanente configuró uno de los rasgos más distintivos de su liderazgo.

En el plano internacional, su figura trascendió lo religioso para convertirse en un actor político de relevancia. Intervino en conflictos diplomáticos, impulsó el diálogo en escenarios de guerra y sostuvo una posición firme en defensa de los migrantes, en abierta confrontación con el avance de discursos xenófobos y de extrema derecha en distintas partes del mundo. Su prédica, lejos de la neutralidad, se alineó con una ética de la justicia social que lo acercó a movimientos populares y lo distanció de las élites económicas y financieras.

En la Argentina, su país de origen, su figura fue objeto de apropiaciones y disputas. Mientras amplios sectores populares lo reconocieron como un referente moral y político, otros intentaron reducir su legado o desacreditar sus intervenciones. Sin embargo, el paso del tiempo consolidó una lectura más profunda de su papado, donde emerge con claridad su coherencia entre discurso y práctica, así como su compromiso con los sectores más vulnerables.

A un año de su muerte, el legado de Francisco sigue abierto. Más que una figura cerrada en la historia, su papado continúa operando como un punto de referencia en la discusión sobre el rol de las instituciones, la justicia social y el futuro de un mundo atravesado por crisis múltiples. En un contexto global donde resurgen discursos de odio y exclusión, su voz —aun en ausencia— mantiene una vigencia que interpela y desafía.