El Gobierno porteño anuncia una nueva línea de subte, pero una vez más, las prioridades del proyecto parecen no coincidir con las necesidades de los sectores populares.
El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires anunció la construcción de la línea F de subte, un proyecto que se presenta como una solución a las necesidades de transporte en la ciudad. Sin embargo, detrás de la propaganda oficial, se esconde una realidad que no se alinea con las prioridades de los sectores populares.
El jefe de gobierno, Jorge Macri, destacó que la nueva línea conectará Barracas con Palermo, pasando por barrios de la zona sur y norte de la ciudad. Pero, a pesar de que algunos sectores aplauden la expansión del subte, este proyecto responde a un modelo que sigue ignorando las necesidades de los más humildes, aquellos que no tienen acceso a una infraestructura de transporte digna y eficiente.
En lugar de priorizar la mejora de la conectividad en barrios periféricos o más necesitados, el plan apunta a una clase media y alta que ya disfrute de un sistema de transporte relativamente eficiente. Esta obra es un reflejo de cómo las políticas de la Ciudad siguen favoreciendo a los más privilegiados, mientras que la gran mayoría de los porteños se queda esperando.
El proyecto promete transportar a 300.000 personas por día, lo que parece un número impresionante, pero no es más que un paliativo para un sistema que, en lugar de beneficiar a quienes más lo necesitan, busca consolidar una red de transporte orientada a un grupo selecto de la población.
La línea F no resolverá los problemas reales de quienes viven en los barrios más postergados de la ciudad. La falta de inversiones en otras áreas del transporte, como el tren o el colectivo, sigue dejando a muchos en una situación de precariedad. En lugar de mejorar lo que ya existe, se invierte en nuevas líneas para los que menos lo necesitan.
En definitiva, el gobierno porteño sigue sin ver la realidad de los más pobres. Mientras se gastan millas de millones de dólares en obras para unos pocos, los sectores más humildes siguen padeciendo la falta de infraestructura básica, con un sistema de transporte público que no está pensado para resolver sus problemas cotidianos.