El reportero gráfico que fue gravemente herido durante la represión en el Congreso en 2025 reapareció este 24 de marzo en Plaza de Mayo y volvió a trabajar en una jornada masiva por Memoria, Verdad y Justicia.
Pablo Grillo volvió a fotografiar en el espacio público después de haber sido víctima directa de la represión estatal mientras cubría una protesta en el Congreso el año pasado. Su reaparición ocurrió este 24 de marzo, en una Plaza de Mayo colmada, donde decenas de miles de personas se movilizaron a 50 años del golpe de Estado para sostener el reclamo histórico de memoria, verdad y justicia. En ese escenario cargado de densidad política, el fotógrafo volvió a empuñar su cámara y a registrar una jornada que, como pocas, condensa pasado y presente en la Argentina.
El hecho adquiere relevancia no solo por su dimensión personal sino por lo que expresa en términos colectivos. En 2025, Grillo había sido gravemente herido mientras documentaba la represión a manifestantes en las inmediaciones del Congreso Nacional. Aquel operativo, marcado por el avance de las fuerzas de seguridad sobre manifestantes y trabajadores de prensa, dejó expuesto el nivel de violencia desplegado en el control de la protesta social y los riesgos concretos que enfrentan quienes buscan registrar esos episodios.
Su recuperación demandó meses de intervenciones médicas y un proceso de rehabilitación prolongado, que lo mantuvo alejado de la actividad profesional. El regreso, sin embargo, no se dio en cualquier cobertura: eligió volver en la movilización más significativa del calendario político y social argentino, en el mismo espacio donde los organismos de derechos humanos sostienen desde hace décadas una presencia ininterrumpida. Allí, con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo como referencia ineludible, Grillo volvió a hacer lo que hacía antes de ser herido: mirar, encuadrar y documentar.
La escena sintetiza una tensión que atraviesa el presente. Por un lado, la persistencia de la violencia institucional en contextos de protesta. Por otro, la decisión de trabajadores de prensa de continuar registrando aquello que ocurre en la calle, aun cuando eso implique exponerse a situaciones de riesgo. En ese cruce, la figura de Grillo adquiere un valor que excede lo individual y se inscribe en una discusión más amplia sobre el rol del periodismo y las garantías para su ejercicio.
En una jornada donde la Plaza volvió a ser el punto de encuentro de las luchas por los derechos humanos, su presencia también operó como una forma de continuidad. No solo de su trabajo, interrumpido por la represión, sino de una práctica que entiende a la fotografía como testimonio. A 50 años del golpe, mientras la memoria se volvió otra vez multitud, Pablo Grillo volvió a ocupar su lugar detrás de la cámara.