Desde la Plaza del Congreso, en el marco de la cobertura realizada para Un país en serio, el programa de Radio Con Vos (FM 89.9) que se emite los viernes a las 23 con la conducción de Gustavo Cano y Adriana Zerdin, el periodista Sabino Cabrera advirtió sobre el deterioro de las condiciones laborales, la represión a la prensa y el vaciamiento de los medios públicos.
A un año de la represión que dejó gravemente herido al fotógrafo Pablo Grillo, organizaciones, trabajadores de prensa y artistas se reunieron en la Plaza del Congreso en el marco del festival “Revelando la memoria”, una jornada atravesada por la denuncia, la memoria y la reivindicación del derecho a informar. En ese contexto, el periodista Sabino Cabrera trazó un diagnóstico crudo sobre la situación actual del sector, marcada por la precarización, la violencia estatal y el retroceso en materia de políticas públicas vinculadas a la comunicación.
Durante la actividad, que contó con la participación de artistas como Las Pastillas del Abuelo, Peteco Carabajal y Ariel Prat, entre otros, Cabrera señaló que el periodismo atraviesa uno de sus peores momentos en términos laborales. Según explicó, los salarios depreciados y las condiciones de trabajo deterioradas obligan a la mayoría de los trabajadores a sostener múltiples empleos, lo que impacta de manera directa en la calidad de la información. La imposibilidad de investigar, producir y cubrir con tiempo y recursos suficientes no es un efecto colateral sino una consecuencia estructural de un modelo que desvaloriza la tarea periodística.
En ese marco, el periodista advirtió que la situación se agravó con las políticas impulsadas por el gobierno de Javier Milei, que no solo profundizaron la precarización sino que avanzaron sobre derechos históricos del sector. Entre ellos, mencionó la derogación del estatuto del periodista, una herramienta clave que, aun con limitaciones, funcionaba como resguardo frente a las condiciones impuestas por las empresas. Sin ese marco, sostuvo, los trabajadores quedan aún más expuestos a la presión patronal en un contexto donde las relaciones laborales se vuelven cada vez más desiguales.
Pero el deterioro no se limita al plano económico. Cabrera denunció también un clima de hostilidad creciente hacia la prensa, particularmente en la cobertura de conflictos sociales. En ese sentido, vinculó directamente la represión estatal con la intención de disciplinar no solo a quienes se movilizan sino también a quienes registran lo que ocurre. El caso de Pablo Grillo, herido mientras cubría una protesta, aparece como el ejemplo más extremo de una política que, según señaló, tiene como objetivo limitar la visibilidad de los hechos.
A esa dimensión se suma otra menos visible pero igualmente determinante: la asfixia de los medios autogestivos y alternativos. Cabrera remarcó que, en un esquema democrático, el Estado debería promover la existencia de estos espacios como parte de la pluralidad informativa, pero que en la actualidad ocurre lo contrario. La falta de apoyo, combinada con el contexto económico adverso, pone en riesgo la supervivencia de proyectos que cumplen un rol central en la construcción de miradas críticas y en la cobertura de temas ausentes en la agenda de los grandes medios.
En ese escenario, el periodista planteó que la discusión sobre el derecho a la información no puede pensarse sin una política activa en materia de medios públicos. La existencia de una agencia nacional de noticias, una televisión pública y una red de radios estatales no solo garantiza el acceso a la información, sino que constituye una herramienta fundamental para la construcción de ciudadanía. Sin esos dispositivos, advirtió, se profundiza la concentración y se reduce la capacidad de las sociedades para comprender y debatir su propia realidad.
La jornada en la Plaza del Congreso funcionó así como un espacio de memoria y de denuncia, pero también como una advertencia sobre el presente. A un año de la represión, con Pablo Grillo recuperándose, el reclamo sigue vigente: sin condiciones dignas para ejercer el periodismo y sin políticas públicas que garanticen la circulación de información, la democracia se vuelve cada vez más frágil.