El Grupo Galicia reportó pérdidas netas por 83 mil millones de pesos y el Banco Supervielle volvió a cerrar el trimestre en rojo. Los cheques rechazados sin fondos se triplicaron en el último año.
El sistema financiero argentino muestra señales de deterioro que los propios balances de los bancos ya no pueden disimular. La morosidad se duplicó en el último año y el incumplimiento alcanza al 10% en tarjetas de crédito y préstamos personales, supera el 20% en billeteras virtuales y llega al 9,3% en créditos a familias. Los cheques rechazados sin fondos se triplicaron. Las acciones de los principales bancos privados cayeron hasta un 30% en Wall Street en lo que va del año. El Grupo Galicia reportó pérdidas netas por 83 mil millones de pesos y el Banco Supervielle cerró el trimestre en rojo por segunda vez consecutiva.
Los números no describen una crisis financiera aislada. Describen el estado de una economía en la que las familias y las empresas dejaron de poder pagar sus deudas porque sus ingresos no alcanzan. La recesión, la caída del consumo y las dificultades de pago en la industria son las causas que los propios bancos identifican para explicar el salto en la mora. Detrás de cada crédito impago hay un trabajador con el salario licuado, una pyme con las ventas derrumbadas o una familia que eligió entre pagar la cuota y poner comida en la mesa.
El gobierno de Milei presenta la estabilización macroeconómica como el logro central de su gestión. El secretario del Tesoro norteamericano Scott Bessent elogió esta semana el rumbo económico argentino y celebró la acumulación de reservas y la reducción de las primas de riesgo de los bonos. Esa fotografía coexiste con otra: la de un sistema financiero doméstico en el que la mora se duplica, los balances se deterioran y los ahorristas e inversores votan con sus carteras en Wall Street.
La paradoja no es nueva en la historia económica argentina. Los indicadores financieros que miran hacia afuera pueden mostrar una cosa mientras los que miran hacia adentro muestran otra. La brecha entre la Argentina que negocia con el FMI y recibe elogios de Washington y la Argentina en la que los cheques rebotan y las familias no pueden pagar sus créditos es una de las características más persistentes de un modelo que distribuye los costos del ajuste sobre quienes menos tienen y reserva los beneficios para quienes más tienen.
El fabricante de preservativos Tulipán es un ejemplo concreto de esa dinámica. La empresa Kopelco anunció la reducción de su planta de 355 a 135 trabajadores, despidiendo a más de 200 empleados. La decisión responde al desplome del consumo, el mismo fenómeno que explica la mora bancaria, la caída de la producción industrial y el derrumbe de las ventas en todos los sectores de la economía real. Cuando el consumo cae, las empresas despiden, los créditos se vuelven impagables y los bancos reportan pérdidas. El círculo es conocido. Las consecuencias las pagan siempre los mismos.