En 22 de las 24 provincias cayó el empleo formal durante la gestión. La industria perdió tres puntos de participación en el PBI y Córdoba produjo un 30% menos de autos en los primeros dos meses del año.
Desde que Javier Milei asumió la presidencia en noviembre de 2023, la Argentina perdió 160 empleos fabriles por día, según un informe de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. En dos años de gestión, eso representa más de cien mil puestos de trabajo industrial destruidos. La participación de la industria en el PBI total cayó del 16,5% al 13,7% entre 2023 y 2025, una contracción que no tiene precedentes recientes fuera de los grandes momentos de crisis económica del país.
Los datos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino completan el cuadro. El empleo asalariado privado registrado cayó en 22 de las 24 provincias argentinas entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025. Santa Cruz encabeza la caída con un 16% de pérdida acumulada. Le siguen La Rioja con el 14%, Formosa con el 11% y Catamarca con el 10,7%. Las únicas dos provincias que registraron crecimiento del empleo privado fueron Río Negro y Neuquén, y ese crecimiento tiene una explicación acotada y no replicable: el desarrollo hidrocarburífero en Vaca Muerta.
El interior industrial del país muestra la profundidad del problema con números que no admiten lecturas optimistas. En Córdoba, históricamente uno de los polos fabriles más importantes del país, las grandes plantas automotrices aplicaron durante los últimos dos años políticas de reducción de personal, suspensiones y reducción de turnos de producción. La crisis se propagó sobre las pymes autopartistas que abastecen a esas plantas. En los primeros dos meses de 2026 se produjeron un 30% menos de automóviles que en el mismo período de 2025, una caída que tiene consecuencias directas sobre toda la cadena de valor del sector.
El deterioro del empleo industrial no es un fenómeno aislado ni una consecuencia inevitable de la coyuntura global. Es el resultado de una política económica que priorizó la apertura importadora, el encarecimiento del crédito y la reducción del consumo interno como herramientas de estabilización. Esa combinación golpea directamente a la industria nacional, que depende del mercado interno y compite en condiciones desiguales con productos importados que ingresan sin restricciones mientras los costos locales en dólares se encarecen.
Las Manufacturas de Origen Industrial representaron apenas el 28% de las exportaciones argentinas durante este período, lejos del 35% registrado hacia el final del primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner. La brecha no es solo estadística: expresa el retroceso de la capacidad exportadora de la industria nacional y el peso creciente de los recursos primarios en la estructura productiva del país, una tendencia que históricamente profundiza la dependencia y reduce los márgenes de desarrollo autónomo.