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LA MOROSIDAD DE LAS FAMILIAS ALCANZA UN MÁXIMO EN 15 AÑOS Y EXPONE EL DETERIORO DEL INGRESO REAL

Publicado : 07/03/2026
(Review)

Un informe elaborado por el economista Alejandro Sangiorgio con datos del Banco Central muestra que el endeudamiento de los hogares argentinos atraviesa un punto crítico. El atraso en el pago de créditos ya acumula catorce meses consecutivos de aumento y golpea con mayor fuerza a los préstamos personales y las tarjetas.

El sistema financiero argentino cerró 2025 con un marcado deterioro en la calidad de su cartera crediticia, con un impacto especialmente fuerte sobre las familias. Según el último Informe de Bancos del Banco Central publicado el 20 de febrero de 2026 y analizado por el economista Alejandro Sangiorgio, el ratio de irregularidad de los créditos a hogares llegó en diciembre al 9,3%, el nivel más alto registrado desde que el organismo comenzó a medir este indicador en 2010. El dato confirma una tendencia sostenida de deterioro: la morosidad familiar aumentó por decimocuarto mes consecutivo y se ubicó casi cuatro veces por encima del nivel observado un año antes.

El informe muestra que el salto de la mora está directamente vinculado con el deterioro del poder adquisitivo y el encarecimiento del crédito. Las líneas de financiamiento destinadas al consumo fueron las más afectadas. En los préstamos personales, el índice de incumplimiento trepó al 12% en diciembre de 2025, un nivel 3,6 veces superior al registrado en el mismo mes de 2024. En el caso de las tarjetas de crédito, la morosidad alcanzó el 9,3% y se multiplicó por más de cinco respecto al año anterior. Estos indicadores reflejan la creciente dificultad de los hogares para sostener pagos en un contexto en el que el costo financiero se ubica muy por encima de la evolución de los ingresos.

Las tasas de interés explican buena parte de esta presión sobre las economías domésticas. De acuerdo con los datos del Banco Central, los préstamos personales registraban en diciembre una tasa nominal anual promedio cercana al 71%, lo que equivale a una tasa efectiva cercana al 100% anual. En el caso de las tarjetas de crédito, la tasa efectiva superaba el 150% anual. Estos niveles se ubican muy por encima de la inflación interanual del período y, sobre todo, de la evolución de los salarios registrados, que crecieron nominalmente alrededor del 28,8% en el mismo lapso. La brecha entre ingresos y costo del financiamiento amplía las dificultades de pago y acelera el crecimiento de la mora.

El deterioro también comienza a reflejarse en el segmento empresarial, aunque con menor intensidad. La morosidad de las empresas alcanzó el 2,5% en diciembre de 2025, lo que implica un incremento mensual de 0,2 puntos y un crecimiento de más de tres veces respecto del año anterior. Si bien el nivel sigue siendo bajo en términos históricos, el aumento sostenido del indicador plantea señales de alerta sobre la cadena de pagos y sobre la capacidad de financiamiento del sector productivo en un contexto económico todavía frágil.

Cuando se consideran conjuntamente los créditos a familias y empresas, la irregularidad total del sistema financiero trepó al 5,5% del stock de préstamos al sector privado. Este nivel no sólo implica un aumento de 3,6 veces en comparación con diciembre de 2024, sino que también supera los valores registrados durante el momento más crítico de la pandemia. El avance de los préstamos impagos impacta además sobre la rentabilidad del sistema bancario, que vio reducirse sus indicadores financieros durante 2025. El retorno sobre activos cayó al 1%, mientras que el retorno sobre el patrimonio descendió al 4,4%, muy por debajo de los valores observados el año anterior.

El informe también advierte sobre un fenómeno que gana peso dentro del sistema financiero argentino: el crecimiento acelerado del crédito no bancario, impulsado por billeteras virtuales y plataformas fintech. Estas entidades ampliaron su presencia durante 2025 ofreciendo préstamos con menores requisitos formales, lo que permitió cubrir necesidades de liquidez inmediata de los hogares. Sin embargo, ese crecimiento se produjo acompañado por tasas más elevadas y por niveles de morosidad significativamente superiores. Según estimaciones de la consultora Eco Go citadas en el informe, la irregularidad en el crédito no bancario alcanzó el 22,8% a fines de 2025, más de cuatro veces el nivel de mora del sistema financiero tradicional.

El aumento persistente del incumplimiento crediticio también comenzó a modificar el comportamiento de los bancos. Durante la segunda mitad de 2025 las entidades financieras redujeron el ritmo de expansión del crédito y endurecieron los criterios de otorgamiento. Los préstamos al sector privado en pesos, que durante el primer semestre del año crecían a tasas reales elevadas, se desaceleraron con fuerza en la segunda mitad del año hasta prácticamente estancarse. Las restricciones fueron particularmente visibles en los préstamos personales y en las tarjetas de crédito, donde se redujeron montos y plazos disponibles para nuevos clientes.

El diagnóstico que surge de estos datos plantea un escenario complejo para 2026. El endeudamiento acumulado de los hogares, el elevado costo del crédito y la persistente pérdida del poder adquisitivo podrían actuar como un freno al consumo en los próximos meses. En ese contexto, cualquier mejora del ingreso disponible no necesariamente se traduciría en mayor gasto, sino en la necesidad de cancelar deudas acumuladas durante el último período, lo que introduce nuevas dudas sobre la posibilidad de sostener un ciclo de crecimiento basado en el crédito al consumo.