Los ataques golpearon zonas residenciales, instalaciones militares y la Universidad de Teherán. El conflicto ya se expandió al Líbano con más de 100 muertos en Beirut.
Estados Unidos e Israel lanzaron durante la madrugada de este viernes una ola de ataques masivos sobre Teherán y otras ciudades iraníes. Los bombardeos alcanzaron zonas residenciales, instalaciones militares y el área cercana a la Universidad de Teherán. Según informaron Fars News y Al Jazeera, los muertos en Irán ya superan los 1.300. Washington utilizó bombas penetradoras contra bases subterráneas iraníes, lo que indica que el objetivo no fue solo intimidar sino destruir infraestructura militar estratégica de difícil acceso.
El conflicto se expandió de inmediato al Líbano, donde Israel reactivó los bombardeos sobre Beirut y el sur del país apuntando a posiciones de Hezbollah, dejando más de 100 muertos según las primeras informaciones disponibles.
El ataque más políticamente significativo fue el que acabó con la vida del líder supremo iraní, el ayatola Alí Jamenei, quien gobernó el país durante 36 años. Su muerte, junto a la de decenas de altos mandos militares y funcionarios de inteligencia, dejó a Irán sin conducción clara en plena guerra. Un consejo provisorio asumió el poder en forma interina mientras la Asamblea de Expertos, el único órgano con potestad para designar un nuevo líder supremo, no logra reunirse en condiciones de normalidad.
En ese vacío de poder irrumpió Donald Trump con una declaración que sacudió al mundo: el presidente estadounidense afirmó que quiere estar involucrado en la designación del próximo líder supremo iraní y rechazó como candidato al hijo de Jamenei, Mojtaba, a quien calificó de inaceptable. La pretensión de Washington de intervenir en la sucesión de un Estado soberano —aunque sea uno al que acaba de atacar— no tiene antecedentes en la historia diplomática moderna y fue rechazada de plano por Teherán y por buena parte de la comunidad internacional.
Las consecuencias económicas y humanitarias del conflicto ya se sienten en todo el planeta. El tráfico de petroleros a través del Estrecho de Ormuz quedó prácticamente paralizado, con cientos de buques varados. El cierre del espacio aéreo en varios países de la región dejó a miles de pasajeros internacionales sin poder moverse. Los mercados energéticos globales reaccionaron de inmediato ante la interrupción del flujo de petróleo desde una de las zonas más estratégicas del mundo.
El gobierno de Milei fue uno de los pocos en el mundo en respaldar los ataques. Mientras la mayoría de los países pedían un alto el fuego y varios gobiernos latinoamericanos expresaban preocupación, la Casa Rosada los aplaudió. Una posición que lo aísla en la región y que dice mucho sobre la política exterior de una administración que eligió alinearse sin matices con Washington y Tel Aviv.