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RECURSOS ENTREGADOS, RENTA FUGADA

Publicado : 04/03/2026
(Review)

En Canadá, gobernadores y funcionarios ofrecieron minerales estratégicos a capitales extranjeros bajo un esquema que garantiza negocios privados y deja escaso beneficio para el país. El modelo Milei profundiza la lógica de enclave.

La delegación argentina que participó en la convención minera más importante del mundo en Toronto no viajó a discutir desarrollo industrial ni estrategias de agregado de valor. Fue a vender. En el denominado “Argentina Day” ante inversores globales, gobernadores y funcionarios nacionales ofrecieron proyectos de litio, oro, cobre y plata de al menos once provincias bajo la promesa de estabilidad normativa, reducción de controles y condiciones fiscales competitivas. La señal política fue inequívoca: prioridad absoluta al capital transnacional, aún a costa de resignar captura de renta y planificación estratégica.

El gobierno de Javier Milei consolidó así una matriz primario-exportadora donde la explotación de recursos naturales se organiza como economía de enclave. Las empresas extraen, exportan y giran utilidades; el Estado reduce su participación a garantizar seguridad jurídica y facilitar trámites. Las provincias compiten entre sí para ofrecer ventajas comparativas, en una carrera hacia abajo en materia regulatoria y fiscal que debilita la capacidad pública de negociación. El resultado es conocido en América Latina: altos volúmenes exportados, baja integración productiva y limitada generación de empleo calificado.

Durante el encuentro, el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, presentó más de 60 iniciativas extractivas y ratificó la decisión política de convertir a la provincia en un polo megaminero. La escena sintetiza el nuevo paradigma oficial: transformar bienes estratégicos en activos financieros rápidamente transables en el mercado global, sin un esquema robusto de participación estatal en utilidades, sin industrialización en origen y sin un fondo soberano que preserve valor para futuras generaciones.

El problema no es la explotación de recursos en sí misma, sino bajo qué reglas se hace y quién captura la renta extraordinaria. En el esquema que promueve la administración libertaria, la ecuación favorece a conglomerados multinacionales que operan con incentivos fiscales amplios y giran dividendos al exterior. Para Argentina quedan regalías acotadas, impacto ambiental acumulativo y una estructura productiva que sigue dependiendo de la exportación de materias primas sin transformación.

Lo que se exhibió en Canadá no fue una estrategia de desarrollo nacional, sino una política de liquidación acelerada de activos estratégicos. En lugar de discutir soberanía económica y herramientas de acumulación estatal, la prioridad fue garantizar condiciones para que el capital extranjero extraiga con rapidez y previsibilidad. En ese marco, el país corre el riesgo de repetir una historia conocida: abundancia geológica, pobreza estructural y renta que se fuga sin construir futuro.