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Nota Completa

BAJA DE LA EDAD DE IMPUTABILIDAD: MÁS CÁRCEL, MENOS ESTADO

Publicado : 02/03/2026
(Review)

El nuevo régimen penal juvenil habilita el encarcelamiento desde los 14 años y consolida una respuesta punitiva frente a la exclusión social.

La aprobación del nuevo régimen penal juvenil, que habilita la imputabilidad desde los 14 años, marca un giro profundo en la política criminal argentina. En lugar de fortalecer dispositivos de inclusión, prevención y abordaje integral de la niñez vulnerable, el Estado opta por ampliar el alcance del sistema penal. La decisión no es aislada: se inscribe en una matriz más amplia de endurecimiento punitivo que atraviesa la agenda del gobierno de Javier Milei.

Desde el punto de vista normativo, la Argentina es parte de la Convención sobre los Derechos del Niño, que establece estándares específicos para la justicia juvenil y promueve que la privación de libertad sea el último recurso y por el tiempo más breve posible. La ampliación del universo de adolescentes alcanzados por el sistema penal tensiona esos compromisos internacionales y abre interrogantes sobre su implementación efectiva.

Los datos disponibles muestran que los menores de 16 años no concentran los índices más altos de delitos graves. Sin embargo, el debate público suele construirse sobre casos extremos amplificados mediáticamente. En ese contexto, la política criminal se desplaza desde la evidencia empírica hacia la reacción emocional. El resultado es una expansión del sistema de encierro sin correlato comprobado en la reducción del delito.

El problema es estructural. La mayoría de los adolescentes que ingresan en conflicto con la ley penal provienen de contextos de pobreza, deserción escolar y precariedad laboral familiar. La respuesta punitiva actúa sobre el tramo final del problema, cuando las políticas sociales ya fracasaron o fueron insuficientes. En lugar de intervenir sobre las causas —desigualdad, fragmentación urbana, exclusión educativa— se interviene sobre las consecuencias.

Además, el sistema penitenciario argentino atraviesa una crisis histórica de sobrepoblación y condiciones degradantes. Incorporar nuevos grupos etarios sin reformar de raíz esa estructura implica profundizar un modelo que reproduce violencia institucional y reincidencia. La cárcel, lejos de funcionar como espacio de reinserción, suele consolidar trayectorias delictivas.

El debate de fondo no es simplemente etario. Es conceptual: ¿se combate la inseguridad ampliando la capacidad de castigo o fortaleciendo las redes de contención social? El giro hacia el punitivismo aparece como respuesta política eficaz en términos discursivos, pero sus resultados estructurales son, en el mejor de los casos, inciertos.

En una sociedad atravesada por el ajuste económico y el deterioro de indicadores sociales, la baja de la edad de imputabilidad puede leerse como parte de un mismo paradigma: menos Estado en derechos sociales, más Estado en control y sanción. La discusión recién comienza, pero sus efectos impactarán durante años sobre una generación que hoy transita la frontera más frágil entre exclusión y ciudadanía.