El endeudamiento volvió a aumentar en diciembre y cerró 2025 en niveles récord, impulsado por la capitalización de intereses, los ajustes inflacionarios y la mayor dependencia del financiamiento externo.
El gobierno de Javier Milei cerró el año 2025 con un nuevo aumento de la deuda pública bruta, que alcanzó los 455.067 millones de dólares en diciembre, luego de registrar una suba mensual de 9.082 millones. Los datos surgen de un informe elaborado por el economista Alejandro Sangiorgio, a partir de información oficial de la Secretaría de Finanzas, y confirman que, pese al ajuste fiscal más profundo desde el retorno democrático, la dinámica del endeudamiento no solo no se revirtió sino que se intensificó bajo nuevas formas.
El incremento de diciembre fue el más elevado de todo 2025 y marcó el segundo aumento mensual consecutivo, luego del registrado en noviembre. En apenas dos meses, el stock de deuda creció en términos absolutos en 12.872 millones de dólares. Si se amplía la mirada, entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025 la deuda pública bruta aumentó en 84.394 millones de dólares, lo que representa una suba del 22,8 por ciento en dos años de gestión libertaria, en un contexto de recesión prolongada, caída del salario real y contracción del gasto público.
Uno de los datos más relevantes del informe es que este crecimiento no estuvo asociado a un desborde del gasto primario. Por el contrario, en el período analizado el Estado nacional realizó un pago neto de deuda por 26.534 millones de dólares a través de operaciones primarias, como resultado de amortizaciones y cancelaciones que superaron a las nuevas emisiones. Sin embargo, ese esfuerzo fiscal fue ampliamente neutralizado por el impacto de los llamados “ajustes de valuación y saldo al inicio”, que explicaron un aumento de más de 110.900 millones de dólares en el stock de deuda.
Dentro de esos ajustes, la capitalización de intereses aparece como el principal motor del endeudamiento. Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, este mecanismo sumó más de 81.000 millones de dólares al stock total, a lo que se agregaron otros 66.500 millones por efectos de inflación y variaciones del tipo de cambio. Solo en diciembre, la capitalización de intereses aportó 4.303 millones de dólares adicionales, mientras que los ajustes por inflación y tipo de cambio explicaron otros 1.713 millones. Se trata de deuda que crece sin nuevas políticas públicas de por medio, pero que condiciona de manera estructural las cuentas futuras del Estado.
La deuda en situación de pago normal también mostró una expansión significativa y alcanzó los 452.542 millones de dólares en diciembre, con un aumento interanual del 22,9 por ciento. En su composición se observa un cambio relevante: la deuda en moneda local, medida en dólares, creció un 84 por ciento en dos años, impulsada principalmente por instrumentos ajustados por inflación y por la creciente emisión de letras que capitalizan intereses al vencimiento. Aunque el peso relativo de la deuda ajustada por CER comenzó a reducirse con la desaceleración inflacionaria, su volumen absoluto sigue siendo determinante en la dinámica del endeudamiento.
En paralelo, el informe da cuenta de una mayor dependencia del financiamiento externo. La deuda con organismos internacionales aumentó de manera significativa y, dentro de ese rubro, la deuda con el Fondo Monetario Internacional se incrementó en más de 16.000 millones de dólares desde diciembre de 2023. Actualmente, los compromisos con el FMI representan el 13 por ciento de la deuda en situación normal de pago y explican buena parte del crecimiento de la deuda bajo legislación extranjera, reforzando el condicionamiento externo sobre la política económica.
También se modificó la estructura de los instrumentos utilizados. Las letras del Tesoro más que quintuplicaron su stock en dos años, con un aumento superior al 440 por ciento, y pasaron a representar el 13 por ciento del total de la deuda. Este crecimiento acelerado de instrumentos de corto plazo se dio en detrimento de los títulos públicos, que perdieron participación, y anticipa mayores tensiones financieras en un escenario de refinanciaciones permanentes, alta fragilidad macroeconómica y escaso margen de maniobra fiscal.
En conjunto, los datos del informe desarman el núcleo del discurso oficial. El ajuste no redujo la deuda: la transformó. Menos gasto social, menos inversión pública y menos ingresos reales convivieron con un endeudamiento crecientemente indexado, capitalizado y condicionado por el FMI. Un esquema que posterga vencimientos en el presente y profundiza los desequilibrios estructurales hacia adelante, trasladando los costos de la política económica a los próximos años.