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Nota Completa

SE FUE ROBERTO PIANELLI, EL BETO DEL SUBTE

Publicado : 29/01/2026
(Review)

La muerte del histórico dirigente de los Metrodelegados conmueve al movimiento obrero argentino. Militante sindical desde la base, referente de la lucha por la salud laboral y la democracia sindical, su partida deja una ausencia profunda y una huella que no se borra.

La mañana de este martes se conoció una noticia que sacudió al sindicalismo y a amplios sectores del campo popular: a los 59 años falleció Roberto Pianelli, secretario general de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y el Premetro (AGTSyP), referente indiscutido de los Metrodelegados y figura central de las luchas laborales de las últimas décadas.

Su muerte no es un hecho menor ni privado. La partida del Beto —como lo llamaban sus compañeros y compañeras— interpela al movimiento obrero en su conjunto, porque se va uno de esos dirigentes que nunca dejaron de ser trabajadores.

Esa coherencia —sostenida durante décadas— es la que lo emparenta con figuras como Agustín Tosco y Germán Abdala: dirigentes que no concibieron el sindicalismo como un espacio de privilegio, sino como una responsabilidad ética al servicio de las y los trabajadores.

Pianelli nació en 1966 y se crió en el barrio porteño de Flores, en el seno de una familia obrera. Su padre era mecánico dental y su madre trabajaba en una fábrica de calzado. Como tantos, conoció la inestabilidad laboral del país periférico: pasó por empleos públicos y privados hasta que, en la década del noventa, ingresó al subterráneo porteño como boletero de la Línea E.

Fue allí, en pleno auge del neoliberalismo y las privatizaciones, donde comenzó a forjarse su recorrido sindical. Mientras la precarización avanzaba y el miedo disciplinaba, el Beto eligió organizar. Junto a otros trabajadores y trabajadoras impulsó una experiencia que cambiaría para siempre la historia gremial del Subte: el nacimiento de los Metrodelegados, una alternativa construida desde abajo frente al unicato de la Unión Tranviarios Automotor.

No fue un camino sencillo. Hubo persecuciones, sanciones, despidos y una larga pelea por la personería gremial. Pero también hubo convicción, asambleas y democracia sindical real. En 2011, tras años de lucha, Pianelli asumió como secretario general de la AGTSyP, cargo que ejerció hasta sus últimos días.

Desde ese lugar encabezó innumerables reclamos salariales y laborales, pero sobre todo puso en el centro una discusión que incomodó a gobiernos y empresas: la salud de las y los trabajadores. Fue una de las voces más firmes en la denuncia por la presencia de asbesto en los vagones del subte, una sustancia cancerígena prohibida en numerosos países, cuya exposición provocó enfermedades graves y muertes entre el personal.

El Beto sostuvo esa pelea cuando muchos miraban para otro lado. Insistió cuando el silencio era política pública. Y logró instalar una verdad incómoda: que ningún servicio público puede funcionar a costa de la vida de quienes lo hacen posible.

Su militancia no empezó ni terminó en el Subte. En los años ochenta fue parte del Movimiento al Socialismo y más tarde integró la Central de Trabajadores Argentinos, donde se desempeñaba como secretario de Salud. En cada espacio sostuvo la misma idea: el sindicalismo no es una carrera personal, sino una herramienta colectiva.

Quienes lo conocieron saben que no fue un dirigente de escritorio. Caminó andenes, participó de asambleas, escuchó más de lo que hablaba. No construyó poder desde el verticalismo ni desde el miedo, sino desde la confianza y la coherencia.

Por eso su figura excede cualquier cargo. El Beto representó una forma de hacer sindicalismo que hoy resulta profundamente contracultural: sin privilegios, sin negocios, sin traiciones. Un sindicalismo que entiende que la organización no es un fin en sí mismo, sino un instrumento para defender la dignidad del trabajo.

En tiempos donde el individualismo se celebra como virtud y la crueldad se presenta como política económica, su ejemplo cobra una dimensión todavía mayor. Frente al “sálvese quien pueda”, el Beto eligió siempre el nosotros. Frente a la resignación, eligió la pelea colectiva.

Su muerte duele porque se va un compañero imprescindible. Pero también deja una certeza: su legado no se mide en homenajes, sino en organización. En cada asamblea, en cada reclamo por condiciones dignas, en cada lucha por la salud laboral, el Beto seguirá estando.

Se fue Roberto Pianelli.
Queda su ejemplo.
Queda su camino.
Y queda la obligación colectiva de no retroceder.