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Nota Completa

LAS MENTIRAS QUE QUEDARON: LANATA Y EL SENTIDO COMÚN ANTIPERONISTA

Publicado : 29/12/2025
(Review)

Algunas de las noticias falsas o construcciones mediáticas más persistentes no nacieron en redes sociales, sino en prime time. Aun desmentidas o judicialmente refutadas, siguen operando en el imaginario público y estigmatizando al peronismo. El periodismo de Lanata fue, en no pocos casos, una usina de relatos ampliados sin respaldo probatorio contundente.

Jorge Lanata construyó muchos relatos que sobrevivieron a las pruebas y a los desmentidos. No fue casualidad: esas historias cumplieron funciones políticas específicas en momentos clave. Hoy muchas de esas falsedades siguen vivas, repetidas como verdades incuestionables, y siguen condicionando cómo se piensa al peronismo en Argentina.

Las noticias falsas no siempre se presentan como burdas mentiras. Muchas veces se construyen como relatos verosímiles, reforzados por la repetición constante y por la autoridad de quien los emite. En la Argentina reciente, la trayectoria de Jorge Lanata incluye varios casos paradigmáticos de este fenómeno.

Un ejemplo paradigmático fue la instalación de versiones sobre el hundimiento del ARA San Juan, donde se dio por cierto que la causa principal fue la supuesta “defectuosidad de las baterías”, una versión que se viralizó y se instaló socialmente como explicación sencilla del desastre, aunque las pericias oficiales posteriores descartaron esa causa energética como el detonante principal del siniestro. Esa narrativa se convirtió en sentido común, pese a que el análisis técnico no la sustentó. (Chequeado y peritajes oficiales, contexto general de debates posteriores — no hay una fuente única en este texto.)

Otro caso fue la famosa “ruta del dinero K”, difundida inicialmente por Lanata en Periodismo para todos, en el que se aseguraba un entramado de lavado de dinero que involucraba directamente a los expresidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Aunque hubo investigaciones judiciales sobre empresarios como Lázaro Báez, varios de los testimonios clave usados en el programa fueron posteriormente desmentidos por quienes los habían dado —por ejemplo, Leonardo Fariña reconoció haber mentido sobre su rol en los presuntos movimientos de dinero que se presentaron en el ciclo televisivo.

En 2013, Lanata y su equipo fueron condenados judicialmente por publicar noticias falsas en un informe conocido como “Narkolandia”, donde vinculaban al exministro Norberto Yauhar con narcotráfico, sin prueba alguna, obligándolos a indemnizar por daños y perjuicios y a rectificar la información en medios.
El Ágora

No son anécdotas menores. Estas operaciones mediáticas no se limitaron a investigar; instalaron versiones que luego se repitieron como verdades, muchas veces sin contraste, sin verificación independiente y con gran impacto emotivo sobre la audiencia.

No fue el único caso. Versiones sobre el plan de vacunación contra el coronavirus también generaron noticias falsas en espacios donde Lanata reapareció, con afirmaciones que tergiversaban la gestión sanitaria para encuadrarla en un relato de ineficiencia y ocultamiento.
Data Diario

Más allá de la factualidad de cada relato, el patrón es claro: instalar hipótesis sin respaldo firme y saturarlas de exposición mediática, de modo que el juicio social se forme antes que el juicio de la evidencia. Eso produce una verdad de plaza que persiste aun cuando la evidencia la desmiente. El efecto es político: contribuye a estigmatizar a todo un espacio político como inherentemente corrupto, incompetente o carente de ética.

En casi todos esos casos, el impacto social de la versión inicial fue muy superior al impacto de los desmentidos o correcciones. Las percepciones sobre el peronismo y sus liderazgos quedaron marcadas por relatos que —en muchos casos— no superan el test de verificación mínima.

Esa dinámica no es inocente. La repetición constante de relatos de corrupción y fallas gubernamentales, aun sin pruebas concluyentes, tiende a naturalizar el prejuicio sobre actores políticos específicos. Y cuando esas ideas circulan libremente en grandes medios con gran audiencia, terminan por configurar un sentido común político que puede durar generaciones.

No se trata solo de errores periodísticos aislados. Es una lógica de construcción de narrativas que beneficia a ciertos actores políticos y perjudica a otros, porque la información, repetida sin rigor, se convierte en metáfora antes que en dato.

La democracia se empobrece cuando el periodismo abandona la duda y abraza la certeza conveniente. Y se debilita aún más cuando esas certezas falsas sobreviven a sus autores. Porque entonces ya no son simples noticias: son prejuicios con micrófono propio.