El mítico estadio Luna Park, declarado Monumento Histórico Nacional en 2007, podría ser demolido y transformado tras la aprobación de un proyecto presentado por el Arzobispado de Buenos Aires y el empresario Diego Finkelstein. La decisión, tomada en tiempo récord durante el receso vacacional, generó críticas por su impacto en el patrimonio cultural y arquitectónico de la ciudad.
El Luna Park, uno de los íconos más emblemáticos de la historia deportiva y cultural de Argentina, está en el centro de una polémica que podría cambiar su destino para siempre. La Comisión Nacional de Monumentos, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación, aprobó en tiempo récord y sin modificaciones un proyecto presentado por el Arzobispado de Buenos Aires y el empresario Diego Finkelstein, que plantea la demolición parcial del estadio y su transformación en un espacio con capacidad para 13.000 espectadores, casi un 60% más que su aforo actual.
La decisión ha generado un fuerte rechazo entre organizaciones defensoras del patrimonio histórico, ya que el Luna Park fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2007 y está ubicado en un Área de Protección Histórica. Estas categorías prohíben no solo su demolición, sino también cualquier modificación que altere su volumen original o su estructura interna. Sin embargo, el proyecto aprobado parece ignorar estas restricciones, lo que ha levantado sospechas sobre la transparencia del proceso.
DF Entertainment, la empresa de Finkelstein, es la principal impulsora de las transformaciones. La firma tiene la concesión del estadio por 40 años y, según el acuerdo con el Arzobispado, debe pagar un millón de dólares iniciales por asumir la gestión y la misma cifra anualmente. Este acuerdo ha sido cuestionado por organizaciones como la Fundación Ciudad y Basta de Demoler, que sostienen que el estadio puede ser remodelado sin violar las normas de protección patrimonial ni comprometer su valor histórico. Sin embargo, estas organizaciones denuncian que no han recibido respuestas a sus solicitudes para acceder al expediente del caso ni al acta de aprobación de la demolición.
La resolución fue impulsada por Mónica Capano, presidenta de la Comisión Nacional de Monumentos, y Juan Vacas, vocal del organismo y actual subsecretario de Paisaje Urbano de la Ciudad de Buenos Aires. Aunque la Comisión ya dio su aval, la decisión final debe ser tomada por el Gobierno porteño y el Papa Francisco, quien, como máximo mandatario de la Iglesia Católica a nivel mundial, tiene la última palabra sobre el futuro del estadio. Sin embargo, el delicado estado de salud del pontífice, afectado por una neumonía bilateral, podría retrasar cualquier definición.
La posible demolición del Luna Park ha despertado un amplio debate sobre la preservación del patrimonio cultural y arquitectónico de Buenos Aires. Para muchos, el estadio no es solo un edificio, sino un símbolo de la identidad porteña y un testigo de eventos históricos que van desde combates de boxeo hasta conciertos multitudinarios. Su transformación, según los críticos, representaría una pérdida irreparable para la memoria colectiva de la ciudad.
Mientras tanto, las organizaciones defensoras del patrimonio continúan exigiendo transparencia y una revisión del proyecto. “El Luna Park puede ser remodelado sin perder su esencia histórica”, aseguran, pero para ello es necesario un diálogo abierto y un proceso que respete las normas de protección vigentes. El futuro del mítico estadio sigue en suspenso, pero la polémica ya ha dejado en evidencia las tensiones entre el desarrollo urbano y la preservación de la historia.