Carlos Presti, cuyo padre comandó centros clandestinos durante el terrorismo de Estado, es el primer militar en dirigir la cartera castrense desde 1983 - Su designación rompe el consenso democrático y hunde a las Fuerzas Armadas en el pantano político del gobierno Milei
Carlos Alberto Presti (59 años), hijo de un represor de la última dictadura militar que nunca condenó los crímenes de su padre, asumió este lunes como ministro de Defensa en abierta ruptura con uno de los pilares fundamentales de la democracia recuperada en 1983: la conducción civil de las Fuerzas Armadas. El Teniente General llega al gobierno de Javier Milei tras una purga de 23 generales que permitió su ascenso como jefe del Ejército en enero, en una escalada que culmina con la militarización del ministerio que debería controlar a los uniformados. Su designación, impulsada por Karina Milei según fuentes castrenses, representa el triunfo político de los sectores que buscan revisar la historia del terrorismo de Estado.
El flamante ministro es hijo de Roque Carlos Alberto Presti, coronel que durante la dictadura comandó el Regimiento de Infantería 7 de La Plata y la jefatura del Área Operacional 113, con control directo sobre centros clandestinos de detención, tortura y exterminio como "La Cacha" y "Arana". El padre murió en 1993 sin haber sido condenado, aunque estaba imputado por los crímenes de 44 víctimas. Organismos de derechos humanos señalan que Presti hijo mantiene un silencio cómplice sobre el terrorismo de Estado, negándose sistemáticamente a condenar los crímenes de lesa humanidad cometidos por su progenitor.
La designación fue impuesta por Karina Milei sobre el ministerio saliente de Luis Petri, en lo que fuentes militares describen como "un pago por lealtad política". El gobierno intenta presentar el nombramiento como un acto de "reparación histórica" hacia los militares, pero en los pasillos del Congreso y entre exministros de Defensa de todas las fuerzas políticas crece la alarma por lo que consideran "una regresión institucional sin precedentes". La medida llega en medio de una crisis profunda de las Fuerzas Armadas, con 18.000 bajas desde diciembre por los magros salarios y denuncias por malversación de fondos en la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral.
Agustín Rossi, exministro de Defensa, calificó la designación como "un enorme retroceso para la democracia argentina", mientras Jorge Taiana alertó sobre la "utilización partidaria de las Fuerzas Armadas". La designación no solo quiebra el principio de subordinación militar al poder civil, sino que genera un conflicto jerárquico al colocar a Presti por encima de oficiales que hasta enero eran sus superiores. El nombramiento se produce en sintonía con el giro reaccionario en política exterior, donde Argentina rompió con 40 años de tradición al votar contra una resolución de la ONU sobre prevención de la tortura junto a Estados Unidos e Israel.