¿Cuántos 17 de octubre más le regalará el peronismo la Plaza de Mayo a la derecha?

La fecha fundacional del movimiento vuelve a transcurrir sin una convocatoria capaz de reunir allí a su pueblo, mientras Javier Milei profundiza un proyecto de hambre, represión, dependencia y pérdida de soberanía.

El 17 de octubre se celebra en la Plaza de Mayo. No por una costumbre ceremonial ni por una preferencia geográfica, sino porque allí el pueblo trabajador irrumpió en la historia argentina, conquistó la libertad de Juan Domingo Perón y dio nacimiento al movimiento político más importante del país. Ochenta y un años después, esa plaza vuelve a quedar fuera de la celebración central del peronismo.

La ausencia no puede seguir naturalizándose. Cada acto realizado en otro lugar puede reunir militancia, expresar una posición y demostrar capacidad organizativa, pero ninguno reemplaza la ocupación popular del escenario donde comenzó esta historia. El Día de la Lealtad pertenece a la Plaza de Mayo porque fue allí donde los trabajadores dejaron de ser espectadores y se convirtieron en protagonistas de su propio destino.

La pregunta es inevitable: ¿cuántos años más el peronismo va a regalarle ese espacio a la derecha argentina durante su fecha fundacional? ¿Cuántos 17 de octubre más pasarán sin que cientos de miles de compañeros y compañeras vuelvan a ocupar la Plaza? ¿Cuánto tiempo puede una fuerza política renunciar a su principal territorio histórico en el día que sintetiza su identidad sin que esa ausencia debilite su capacidad de movilización?

La Plaza de Mayo no está perdida ni fue apropiada por la derecha. El último 24 de marzo volvió a demostrar que el campo nacional y popular conserva la capacidad de colmarla cuando existe una convocatoria que expresa una causa colectiva. Lo grave es que las conducciones del peronismo hayan elegido no ocuparla precisamente el 17 de octubre.

La respuesta no puede encontrarse en las diferencias entre agrupaciones, dirigentes o proyectos electorales. Quienes ejercen responsabilidades de conducción deben encontrar la forma de construir una convocatoria común, porque conducir consiste precisamente en organizar lo diverso detrás de una causa superior. No corresponde trasladarle al pueblo las consecuencias de la incapacidad de sus representantes para alcanzar los acuerdos necesarios.

Si el problema es el temor a que la convocatoria no resulte masiva, la dificultad es todavía más profunda. Una conducción que teme medir su capacidad para convocar al pueblo está reconociendo que no sabe si conserva la fuerza necesaria para representarlo. Y si las actuales conducciones no pueden reunir a cientos de miles de peronistas en la Plaza de Mayo un 17 de octubre, el movimiento deberá construir nuevas conducciones que sí puedan hacerlo.

No se trata de llenar una plaza para exhibir una fotografía, contar asistentes o resolver una interna. Se trata de recuperar la iniciativa política, reconstruir la confianza y demostrar que el peronismo todavía puede convocar alrededor de una identidad, una doctrina y un proyecto de país. Una multitud reunida únicamente por la competencia entre sectores sería insuficiente; una multitud convocada para defender a la Patria expresaría nuevamente la razón histórica del movimiento.

La urgencia de esa tarea se vuelve evidente frente al sufrimiento que atraviesa el pueblo argentino. El gobierno de Javier Milei destruye salarios, puestos de trabajo, jubilaciones, políticas sociales y capacidades productivas, mientras reprime a quienes protestan y profundiza la entrega de recursos estratégicos y soberanía nacional. La derecha neofascista avanza porque tiene un proyecto, identifica los intereses que representa y está dispuesta a utilizar el poder para imponerlos.

Frente a esa ofensiva, el peronismo no puede limitarse a esperar las elecciones de 2027 ni confiar en que el daño provocado por el Gobierno lo devolverá naturalmente al poder. El hambre, la desocupación, el endeudamiento familiar y la pérdida de derechos ocurren ahora. El pueblo trabajador necesita una fuerza que lo represente, lo organice y se ponga al frente de su defensa ahora.

El 17 de octubre debería ser la mayor demostración anual de esa voluntad. La Plaza tendría que reunir al movimiento obrero organizado, las organizaciones sociales, los jubilados, los estudiantes, los pequeños empresarios, la militancia y a todos aquellos que todavía creen en una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. Debería recordarle a Milei que la sociedad no está derrotada y demostrarle al pueblo que no se encuentra solo frente al poder económico.

Para conseguirlo, las conducciones deberán colocar sus diferencias en el lugar que les corresponde. No necesitan abandonar sus identidades, cancelar debates ni fabricar una unanimidad inexistente, pero sí comprender el orden de las prioridades: primero la Patria, después el movimiento y, por último, los hombres y las mujeres. Ninguna candidatura ni construcción sectorial puede ubicarse por encima de la necesidad de defender al pueblo.

La Plaza de Mayo tampoco pertenece a un dirigente determinado ni puede quedar asociada a una sola corriente interna. Pertenece a los trabajadores que la ocuparon en 1945, a las generaciones que defendieron al peronismo durante la proscripción y a quienes todavía sostienen sus banderas. Convocar allí no debería fortalecer a una facción, sino devolverle centralidad al conjunto del movimiento.

Este debe ser el último 17 de octubre celebrado con el pueblo peronista disperso y la Plaza de Mayo sin una convocatoria del movimiento. El próximo aniversario debe encontrar a todas sus expresiones reunidas en el lugar donde nació esta historia, no para disimular sus diferencias, sino para demostrar que ninguna de ellas está por encima de la Patria. Si quienes actualmente conducen no pueden garantizarlo, tendrán que dejar paso a quienes sean capaces de reconstruir esa convocatoria.

El peronismo nació cuando el pueblo trabajador decidió ocupar el centro político de la Nación. No puede resignarse a conmemorar ese acontecimiento desde otros escenarios mientras una derecha neofascista gobierna contra las mayorías y entrega el país. No hay que recuperar la Plaza de Mayo: hay que tomar la decisión política de volver a ocuparla cada 17 de octubre.

La Plaza es del pueblo peronista. Es hora de volver a ocuparla. ✌️

Gustavo Cano
Gustavo Cano

Periodista, comunicador y conductor radial.

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