sábado, 17 de octubre de 2026

17 de octubre: la lealtad es con el pueblo
El periodista Maximiliano Borches reflexiona, a 81 años del 17 de octubre de 1945, sobre la crisis que atraviesa el peronismo y la necesidad de recuperar su identidad, su doctrina y su vínculo con el pueblo.
Sin una conducción que sintetice a la etapa y al movimiento, y con algunos de sus principales referentes nacionales concentrados en la supervivencia de su imagen, contrariando una de las principales máximas del General: “Primero la Patria, después el movimiento y por último los hombres (y mujeres)”, el peronismo transita una de las peores crisis de identidad, ideas y proyección desde su irrupción revolucionaria en la historia contemporánea del país, durante aquel glorioso 17 de octubre de 1945, cuando más de un millón de trabajadores coparon Plaza de Mayo y sus alrededores para pedir la liberación de Juan Domingo Perón, y se consolidó la amorosa historia política más grande de nuestra historia reciente: la de un líder con su pueblo.
Inspirado en seis conceptos fundacionales: “No existe para el Peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan”; “Liberación o dependencia”; “El Justicialismo es una nueva filosofía de vida simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista”; “Como doctrina política, el Justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con la comunidad”; “Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social” y “Como doctrina social, el Justicialismo realiza la Justicia Social, que da a cada persona su derecho en función social”, el peronismo (que no es de “izquierda” ni de “derecha”, según imponen esas categorías políticas europeas), a partir de 1974 con la muerte física de su conductor comenzó una sistemática etapa de desvirtualización de sus conceptos doctrinarios cada vez que era colonizado por premisas liberales y/o socialdemócratas/progresistas, como sucede en los últimos 14 años, aunque hoy con menos fuerza que cuando se pretendió imponer una hegemonía distinta a la sentir justicialista, donde el movimiento obrero es la columna vertebral del peronismo, y no las etapas de la vida humana, como por ejemplo la juventud; que por definición no es un sujeto histórico como los son los trabajadores y sus organizaciones sindicales.
A pesar de todo esto, la profunda transformación cultural que supo desarrollar el peronismo en el pueblo argentino, continúa siendo tan honda, que a pesar de sus crisis y de los experimentos desaforados de la oligarquía criolla y los vendepatria alquilados de turno -siempre apoyados por embajadas extranjeras- para intentar borrarlo de la escena política nacional (bombardeos, proscripciones, fusilamientos y desapariciones incluidas), en esta segunda mitad de la segunda década del novedoso Siglo XXI continúa siendo el movimiento político más importante de Latinoamérica, el único movimiento de masas surgido en el Siglo XX que continúa vigente en la actualidad (liberales y marxistas fracasaron), y continúa siendo la principal referencia político/cultural en amplios sectores de nuestro pueblo.
Sin embargo, las últimas experiencias políticas desarrolladas en nombre del peronismo mostraron una alarmante fragilidad de ideas, aspiraciones y un aquelarre de prioridades personales, que hasta un sector del movimiento intentó, sin resultados, sustituir su identidad histórica con la de otro apellido (“Nos dicen kirchneristas para bajarnos el precio como peronistas”, decía el último conductor que tuvo el peronismo en su conjunto, Néstor Kirchner), y hoy gran parte de la dirigencia parece proceder como una murga en contramano.
Partiendo de la base de que el Peronismo es esencialmente popular, todo círculo político es antipopular, y por lo tanto, no es peronista (como reza la 2° de las 20° “Verdades Peronistas”), la principal lealtad del Movimiento Nacional Justicialista, del peronismo en su conjunto, es con el pueblo.
El peronismo tiene fuertes chances de ser gobierno en 2027, y no solo depende de su unidad, de la confección de un programa aplicable en estos tiempos que corren, y/o de que pequeños sectores de muy cercana nostalgia en el tiempo, dejen de ser funcionales al gobierno de los hermanos Milei en alianza con los nuevos Menem, cada vez que hablan. Centralmente, el peronismo tiene la responsabilidad histórica de volver a conectar con la sociedad que lo extraña, pero que no lo reconoce. Milei ganó las elecciones y supo armar una base electoral sólida que hoy ronda el 30/35% del electorado, diciendo que “La Justicia Social es un robo”. Pues bien: el peronismo debe volver a explicar, sin soberbia, ni virtualidad y de igual a igual con los hombres y mujeres de la Patria, porque la Justicia Social no es un robo.
Establecer un gobierno centralizado, un Estado organizado con la premisa del desarrollo armónico de las fuerzas productivas para un pueblo libre, es el mayor desafío del peronismo hoy, a 81 años del mítico 17 de octubre de 1945.
Dos caminos se le presentan hoy al peronismo: demostrar a nuestro pueblo, y al conjunto de las naciones, que a través del accionar político inspirado en la filosofía justicialista puede ofrecer algo de luz en este oscuro mundo de hoy, o seguir el penoso sendero que acabó con el PRI en México.
La consigna hoy es: de la periferia al centro.
¡Viva Perón y viva la Patria!






