En los barrios populares, tres de cada cuatro hogares no cubren sus gastos mínimos

El relevamiento del Instituto Periferias registró pérdida de empleo, informalidad, hambre, endeudamiento y un profundo deterioro de la salud mental.

El 75,4% de las personas encuestadas en barrios populares afirmó que los ingresos de su hogar no alcanzan para cubrir los gastos mínimos, según el informe final “La realidad social en las periferias”, elaborado por el Instituto Periferias en la antesala de la difusión de los nuevos datos oficiales de pobreza. El estudio fue realizado durante agosto sobre 5.088 personas mayores de 18 años residentes en barrios populares de 15 provincias. Los resultados exponen una crisis social atravesada por la pérdida de empleo, la informalidad laboral, el endeudamiento y las dificultades crecientes para garantizar la alimentación.

La situación de los ingresos está directamente vinculada con el deterioro del mercado de trabajo. El 49,4% de las personas relevadas señaló que su hogar perdió su principal fuente laboral durante el último año, mientras que el 46,8% obtiene sus ingresos principalmente mediante actividades informales. “El informe da cuenta de una crisis de ingresos: no hay plata que aguante”, señaló Daniel Menéndez, sociólogo y director del Instituto Periferias.

El endeudamiento funciona cada vez menos como una herramienta para financiar consumos extraordinarios y más como un mecanismo de supervivencia. El 61,8% de las personas consultadas mantiene actualmente alguna deuda financiera y el 59,8% tuvo que pedir plata prestada o endeudarse para comprar comida. A ese cuadro se suma que el 43,7% atraviesa una situación de inseguridad alimentaria grave, el 73,4% no pudo consumir alimentos saludables y el 42,3% pasó un día completo sin comer por falta de plata.

La crisis también se expresa en las condiciones materiales de los barrios. El 48,1% de la población relevada no cuenta con cloacas, el 73,5% cocina con garrafa y apenas el 18% dispone de gas de red. Aunque el 90,8% tiene acceso al agua de red, las carencias de infraestructura continúan condicionando la vida cotidiana y profundizando la desigualdad territorial.

En materia sanitaria, el 62,2% no tiene obra social ni medicina prepaga, por lo que depende exclusivamente del sistema público. Al mismo tiempo, el 58,2% manifestó sentir ansiedad o tristeza por su situación económica de manera frecuente o permanente y el 70,6% considera que la salud mental de su barrio empeoró. “Es un dato que no se puede esquivar”, advirtió Menéndez al vincular el malestar emocional con la falta de ingresos, la incertidumbre laboral y el crecimiento de las deudas.

El informe también señala que el 40,1% dedica entre cinco y doce horas diarias a las tareas de cuidado, una carga que afecta especialmente a las mujeres y limita sus posibilidades laborales. En el plano educativo, el 82,9% de niñas, niños y adolescentes mantiene la regularidad escolar correspondiente a su edad, aunque el 17,7% de los hogares informó situaciones de violencia en las escuelas. Los datos muestran que, aun cuando algunas redes familiares, educativas y comunitarias continúan funcionando, lo hacen bajo una presión social cada vez mayor.

Por tratarse de un muestreo no probabilístico realizado en puntos de alta circulación de barrios populares, el estudio no reemplaza la medición de pobreza del INDEC ni permite proyectar sus resultados sobre toda la población argentina. Su alcance es otro: construir una radiografía concreta de las condiciones de vida en los territorios más golpeados por el ajuste. Camino a los tres años del gobierno de Javier Milei, esa radiografía muestra hogares que trabajan y no llegan, se endeudan para comer y atraviesan una crisis que ya impacta sobre todas las dimensiones de la vida.

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Redacción general del portal.

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