lunes, 21 de septiembre de 2026

Isla Maciel puso al turismo comunitario en la agenda latinoamericana
Delegaciones de cuatro países debatieron cómo fortalecer las economías locales, preservar la memoria barrial y garantizar que las comunidades sean protagonistas del desarrollo de sus territorios.
El Primer Encuentro Latinoamericano de Turismo Comunitario Urbano se realizó entre el 17 y el 20 de septiembre en Isla Maciel, partido de Avellaneda, con la participación de organizaciones y referentes de Argentina, Chile, Brasil y Colombia. Organizado por el Museo Comunitario Isla Maciel y VSocial Foundation, con la metodología de Fundación Travolution, el encuentro reunió a cooperativas, universidades, gestores culturales, emprendimientos y actores territoriales. Durante cuatro jornadas, sus participantes debatieron la construcción de un modelo turístico capaz de generar trabajo, fortalecer las identidades locales y colocar las decisiones en manos de las propias comunidades.
La programación incluyó mesas colectivas de trabajo, recorridos por el territorio, talleres, exposiciones e intercambios entre las experiencias latinoamericanas invitadas. Las actividades permitieron discutir políticas y herramientas vinculadas con la economía social, la gestión comunitaria del patrimonio, la comunicación y la participación de las juventudes. El objetivo fue avanzar sobre problemas concretos y elaborar propuestas que puedan trasladarse a otras ciudades y barrios de la región.
Uno de los momentos centrales fue la realización de una nueva edición de Pintó la Isla, la iniciativa cultural que transformó las calles del barrio mediante el muralismo y la intervención colectiva del espacio público. La jornada reunió expresiones artísticas, una feria de emprendimientos, actividades comunitarias y una comida compartida por vecinos y visitantes. La pintura de nuevos murales volvió a convertir al territorio en un relato abierto sobre su historia, sus luchas y la identidad construida por quienes viven allí.
“El territorio no es solo el escenario: es parte del argumento”, afirmó Gerardo Montes de Oca, integrante del Museo Comunitario Isla Maciel e impulsor de Pintó la Isla. Su definición sintetizó una discusión que atravesó todo el encuentro: los barrios populares no pueden continuar siendo observados desde afuera como lugares exóticos, peligrosos o carentes de valor. El turismo comunitario propone invertir esa mirada y reconocer a sus habitantes como productores de cultura, conocimiento, memoria y trabajo.
La experiencia desarrollada en Isla Maciel comenzó hace más de una década a partir de un proyecto nacido en la escuela secundaria del barrio. Con el paso del tiempo, la participación de docentes, estudiantes, artistas, organizaciones y vecinos permitió crear el museo comunitario, consolidar los recorridos turísticos y desplegar una intervención cultural que ya dejó más de 900 murales en sus calles. El proyecto informa, además, la realización de 395 recorridos y la recepción de más de 5.600 visitantes, cifras que muestran la capacidad de una iniciativa territorial para construir una alternativa económica y cultural sostenida.
El encuentro también puso en primer plano el trabajo de referentes como Carla Fodor, Romina Cabañas, Camilo Alvarado y el propio Montes de Oca, cuyas trayectorias articulan educación, organización comunitaria, turismo social y producción cultural. Esa presencia confirmó que no se trata de una propuesta diseñada desde un escritorio y aplicada sobre el barrio, sino de un proceso conducido por quienes conocen sus necesidades, sus conflictos y sus posibilidades. La comunidad no aparece como parte del paisaje: organiza, recibe, produce y define qué historia quiere contar.
Frente a un modelo que muchas veces convierte los territorios en mercancías y concentra los ingresos fuera de las comunidades, la experiencia de Isla Maciel propone otra relación entre turismo y desarrollo. No se trata de romantizar las desigualdades ni de exhibir la pobreza como atractivo, sino de construir herramientas que permitan defender el patrimonio, generar trabajo y disputar las representaciones impuestas sobre los barrios populares. El primer encuentro dejó planteada una agenda regional: el turismo solo puede ser comunitario cuando quienes habitan el territorio también ejercen el derecho a decidir sobre su presente y su futuro.






