domingo, 1 de noviembre de 2026

Jorge Rachid: «Milei se queda solo en el escenario internacional»
La pérdida de aliados políticos en el exterior coincide con un escenario de creciente conflictividad económica y social, mientras los principales sectores del poder financiero mantienen su respaldo al programa libertario.
Los resultados electorales de Brasil e Israel debilitaron el escenario internacional sobre el que Javier Milei construyó sus principales alianzas políticas y dejaron al presidente argentino cada vez más dependiente de Donald Trump. Así lo planteó el médico sanitarista y analista político Jorge Rachid, quien vinculó los cambios en el mapa geopolítico con el deterioro de la economía argentina, cuestionó el acompañamiento de los grandes grupos empresarios al Gobierno y advirtió sobre las consecuencias de una política exterior subordinada a los intereses de Estados Unidos.
La situación internacional representa un problema adicional para una administración que enfrenta dificultades estructurales dentro del país. «La situación del actual gobierno, de esta pesadilla que estamos viviendo los argentinos, es una situación que ha sufrido un golpe muy fuerte en lo externo», afirmó Rachid, al referirse al triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva sobre el bolsonarismo en Brasil y al escenario político abierto por las elecciones israelíes.
Ambos procesos afectan a dirigentes con los que Milei construyó afinidades políticas e ideológicas. En particular, Rachid señaló las dificultades de Benjamin Netanyahu para reunir los apoyos parlamentarios necesarios y advirtió que la nueva correlación de fuerzas podría debilitar su posición. El presidente argentino apostó buena parte de su proyección internacional a una alianza política con la derecha estadounidense, el bolsonarismo brasileño y el gobierno israelí, en detrimento de una política exterior orientada a fortalecer la integración regional y la autonomía nacional.
«Son dos derrotas para este mundo delirante de Milei que lo lleva a ser un peón en un tablero geopolítico que lo excede», expresó Rachid. La definición sintetiza uno de los problemas centrales de la política exterior libertaria: la subordinación de los intereses nacionales a estrategias internacionales sobre las cuales la Argentina dispone de escasa capacidad de decisión.
Una parte importante de su análisis estuvo dedicada a Medio Oriente. El médico sanitarista cuestionó duramente las acciones militares de Israel en Gaza, Cisjordania, el Líbano y otros territorios de la región, y vinculó la política del gobierno israelí con disputas históricas por el control territorial y los recursos estratégicos. También hizo referencia a las alturas del Golán, al río Litani y a la continuidad de un proyecto expansionista que amenaza la estabilidad regional.
Las intervenciones militares y las disputas territoriales en Medio Oriente están atravesadas por intereses estratégicos vinculados con el control de recursos naturales, corredores comerciales y posiciones geopolíticas. En ese escenario, el respaldo diplomático y político que Milei ha expresado hacia Netanyahu compromete a la Argentina con una orientación internacional que se aleja de su tradición de defensa del derecho internacional y de la resolución pacífica de los conflictos.
Al evaluar la situación del presidente argentino, Rachid recurrió a una imagen para describir el debilitamiento de sus alianzas: «De las tres sillas que tenía, le queda una sola, que es la de Trump». Sin embargo, esa dependencia también presenta riesgos porque el mandatario estadounidense enfrenta sus propias disputas políticas internas y una creciente confrontación entre distintas corrientes de la sociedad norteamericana.
El analista mencionó especialmente el avance de sectores identificados con el socialismo democrático dentro del Partido Demócrata y destacó la importancia de las transformaciones políticas que atraviesan Estados Unidos. Las tensiones internas de la principal potencia mundial forman parte de una crisis más profunda de su posición internacional, cuyas consecuencias se proyectan sobre América Latina y las relaciones de poder en el continente.
«Lo único que le queda a Estados Unidos es alambrar América Latina, someternos y jugar peones como Milei», sostuvo. Rachid relacionó esa caracterización con la intervención política de dirigentes libertarios en debates electorales de otros países y cuestionó particularmente la participación del presidente argentino en las controversias políticas de Brasil y España.
El alineamiento automático con Washington también limita las posibilidades de construir una política exterior que priorice la integración latinoamericana, la defensa de los recursos estratégicos y el desarrollo económico nacional. La relación con las grandes potencias constituye una dimensión fundamental de la política argentina, pero no puede sustituir la formulación de una estrategia propia que contemple los intereses productivos, comerciales y sociales del país.
El análisis de Rachid no se limitó a las relaciones exteriores. El médico sanitarista vinculó la situación internacional con la evolución del programa económico argentino y sostuvo que el Gobierno enfrenta un deterioro de aquello que había presentado como su principal fortaleza. «La macroeconómica está absolutamente horadada, la macroeconómica está hundida», afirmó, al cuestionar los resultados de la política económica oficial.
También denunció el manejo de los recursos públicos y acusó al Gobierno de incumplir obligaciones legales vinculadas con las asignaciones presupuestarias. En ese contexto, sostuvo que las provincias argentinas fueron sometidas a mecanismos de presión financiera y política, una situación que se expresa en los conflictos entre la administración nacional y los gobiernos provinciales por la distribución de fondos.
Otro de los ejes de su intervención fue el comportamiento del poder económico. Rachid expresó su preocupación por el acompañamiento que mantienen sectores empresariales y financieros hacia Milei, incluso frente al deterioro de las condiciones económicas y sociales y a las consecuencias que las políticas oficiales tienen sobre la producción, el empleo y los ingresos de la población.
«A mí me extraña mucho que el poder real de la Argentina, el poder económico, el poder financiero, el círculo rojo, estén acompañando esto», señaló. El analista advirtió que esos sectores podrían terminar afectados por las consecuencias del propio proceso político y económico que respaldan, en un escenario de creciente fragilidad del programa gubernamental.
En su cuestionamiento mencionó a grupos empresarios vinculados con actividades estratégicas y denunció que parte de las grandes fortunas nacionales continúa beneficiándose de mecanismos de concentración de riqueza. La relación entre poder político y poder económico constituye un componente central de la crisis argentina, porque condiciona la distribución de recursos, las decisiones sobre sectores estratégicos y las posibilidades de desarrollo del país.
Hacia el final de su intervención, Rachid planteó que el futuro político no depende exclusivamente de las decisiones del Gobierno ni de los acuerdos entre las principales fuerzas institucionales. Aunque anticipó un escenario de deterioro, aclaró que no podía establecer plazos para su eventual desenlace.
«No sé el tiempo, porque no soy predictor, pero la calle, la movilización y la lucha, y el pueblo va a escribir los nuevos paradigmas», afirmó. La recuperación de la participación popular y la organización social aparece así como una condición fundamental para construir una alternativa política frente al ajuste económico y la pérdida de soberanía.
«Los pueblos empiezan a escribir la historia en letras indelebles», expresó Rachid al referirse a las transformaciones que considera necesarias para superar la situación actual. Su intervención concluyó con una reivindicación de la movilización colectiva y de la lucha por los sueños, las esperanzas y las utopías como herramientas para abrir una nueva etapa política en la Argentina.






