América Latina disputa su futuro frente a Trump y las nuevas derechas

El resumen semanal de Faro Latinoamericano recorre una región atravesada por la ofensiva estadounidense, el avance de gobiernos subordinados a Washington y las resistencias que reivindican soberanía, integración y justicia social.

América Latina cerró una semana marcada por la disputa entre los proyectos soberanos que buscan atender las necesidades de sus pueblos y las derechas que pretenden subordinar nuevamente la región a los intereses de Estados Unidos. Brasil avanzó contra el negocio de las apuestas digitales, México y Cuba denunciaron el bloqueo impuesto por Washington, mientras en Chile y Bolivia crecieron los cuestionamientos a gobiernos alineados con la agenda estadounidense. El escenario también estuvo atravesado por el genocidio palestino y el creciente aislamiento internacional del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

En Brasil, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva colocó en el centro del debate electoral la prohibición o restricción de las apuestas digitales, señaladas como una causa del endeudamiento, la ludopatía y la destrucción de los ingresos familiares. La ofensiva provocó la reacción de los grandes clubes de fútbol y de las empresas vinculadas al negocio, que intentaron presentar su rentabilidad como una necesidad del deporte. La discusión expone dos concepciones enfrentadas: un Estado que interviene para proteger a las familias o un mercado autorizado a lucrar con la desesperación social.

Chile mostró otra dimensión de la disputa geopolítica. Los expresidentes Michelle Bachelet y Gabriel Boric cuestionaron la incorporación del país al denominado Escudo de las Américas promovido por Donald Trump y pidieron al gobierno de José Antonio Kast que reconsiderara la decisión. Advirtieron que Chile no debe ser obligado a escoger un bando ni quedar subordinado a una estructura diseñada en Washington, una posición que recupera la tradición latinoamericana de autonomía y resolución pacífica de los conflictos.

Desde la Asamblea General de las Naciones Unidas, México reafirmó su solidaridad con Cuba y rechazó el bloqueo económico, comercial y financiero aplicado por Estados Unidos durante más de seis décadas. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, sostuvo que su país continúa dispuesto al diálogo, pero advirtió que las sanciones fueron intensificadas y se volvieron todavía más crueles. “Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí lo es”, sintetizó ante una comunidad internacional que cada año condena de manera abrumadora esa política.

En Bolivia, el expresidente Evo Morales anunció una movilización de campesinos y organizaciones sociales contra las medidas económicas de Rodrigo Paz. La convocatoria comenzará el 13 de octubre si el Gobierno no retira las normas denunciadas como privatizadoras e inconstitucionales. El conflicto anticipa una nueva etapa de resistencia frente a un programa que pretende trasladar el costo del ajuste sobre los sectores populares y los bienes públicos.

La cooperación entre Ecuador, Colombia y el FBI para detener a familiares del narcotraficante José Adolfo Macías Villamar volvió a mostrar la creciente intervención de organismos estadounidenses en las políticas regionales de seguridad. Mientras Washington presenta esa presencia como cooperación, América Latina enfrenta el desafío de combatir el crimen organizado sin entregar su soberanía ni adoptar estrategias que militaricen sus territorios.

La ofensiva de Trump excede las fronteras latinoamericanas. El mandatario estadounidense celebró la extracción de millones de barriles de petróleo del estrecho de Ormuz en medio de la guerra, exhibiendo con crudeza los intereses económicos que se esconden detrás de las intervenciones militares. En Nueva York, el alcalde Zohran Mamdani cuestionó las mentiras de Netanyahu ante la ONU y recordó la orden de detención emitida por la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad.

La región vuelve a encontrarse ante una definición histórica. Puede aceptar una arquitectura internacional construida alrededor de Washington, las corporaciones y las nuevas derechas, o recuperar el camino de la integración, la soberanía y la defensa de los pueblos. La Patria Grande no constituye una consigna nostálgica: es la condición necesaria para que América Latina pueda decidir su propio destino.

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