Cuba bajo asedio: el bloqueo agrava la emergencia humanitaria

La ONU advirtió que las sanciones estadounidenses profundizan la crisis energética y restringen el acceso de la población cubana a medicamentos, alimentos, agua y servicios esenciales.

Cuba atraviesa durante 2026 una emergencia humanitaria marcada por prolongados cortes de electricidad, falta de combustible, escasez de medicamentos y crecientes dificultades para garantizar el funcionamiento de hospitales, sistemas de agua y cadenas de producción y distribución de alimentos. Naciones Unidas advirtió que la crisis energética está afectando servicios indispensables y estimó que cerca de dos millones de personas necesitan asistencia. Aunque el deterioro tiene múltiples causas, el organismo señaló que las sanciones impuestas por Estados Unidos profundizan la situación y obstaculizan la capacidad de respuesta de la isla.

El bloqueo económico, comercial y financiero no se limita a impedir intercambios directos entre Cuba y Estados Unidos. Su alcance extraterritorial condiciona a bancos, navieras, aseguradoras, proveedores y empresas de terceros países que podrían comerciar con la isla, pero evitan hacerlo por temor a sanciones o dificultades administrativas. Las excepciones humanitarias para alimentos y medicamentos existen formalmente, pero organismos de derechos humanos de la ONU advirtieron que la sobreactuación preventiva de empresas e instituciones financieras retrasa, encarece o directamente impide operaciones esenciales.

Las consecuencias se sienten especialmente en el sistema sanitario. La Organización Panamericana de la Salud informó sobre interrupciones sostenidas del suministro eléctrico, menor disponibilidad de medicamentos e insumos y restricciones en el funcionamiento de hospitales cubanos. La falta de energía y combustible también compromete la refrigeración de vacunas, el equipamiento médico, el bombeo de agua, el traslado de pacientes y la conservación de alimentos destinados a niñas, niños, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas.

La crisis no puede explicarse exclusivamente por las medidas estadounidenses. Cuba enfrenta además problemas económicos internos, una infraestructura energética envejecida y los efectos acumulados de huracanes y otros fenómenos climáticos que golpearon instalaciones fundamentales. Pero reconocer esas dificultades no puede convertirse en una excusa para ocultar el peso de una política deliberada de asfixia que limita el acceso al financiamiento, al combustible, a la tecnología y a bienes indispensables para la vida cotidiana.

En octubre de 2025, la Asamblea General de las Naciones Unidas reclamó por trigésimo tercer año consecutivo el levantamiento del bloqueo estadounidense. La resolución obtuvo 165 votos a favor, siete en contra y doce abstenciones, una mayoría que volvió a exponer el aislamiento internacional de Washington sobre esta política. Sin embargo, las sanciones continúan y sus efectos recaen principalmente sobre una población que no decide las relaciones diplomáticas ni controla las disputas entre gobiernos.

El bloqueo no es una abstracción geopolítica: ingresa en los hospitales cuando falta un medicamento, en los hogares cuando se interrumpe la electricidad y en las mesas cuando el combustible no alcanza para producir o transportar alimentos. Denunciarlo no implica renunciar a una mirada crítica sobre los problemas internos de Cuba, sino rechazar que una potencia utilice las necesidades básicas de todo un pueblo como instrumento de presión política. Después de más de seis décadas, terminar con esta política de castigo colectivo constituye una exigencia humanitaria y una deuda de la comunidad internacional.

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Redacción general del portal.

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