sábado, 26 de septiembre de 2026

La pobreza volvió a subir: el salario no alcanza y el hambre avanza
Los datos oficiales y el relevamiento del Instituto Periferias exponen las consecuencias de una política económica que deteriora los ingresos y obliga a millones de familias a endeudarse para cubrir necesidades elementales.
La pobreza alcanzó al 32,3% de las personas y la indigencia al 7,5% durante el primer semestre de 2026, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El relevamiento, realizado en 31 aglomerados urbanos del país, indica que alrededor de 9,7 millones de personas se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Los resultados representan un fuerte deterioro respecto del segundo semestre de 2025, cuando esos índices habían sido del 28,2% y el 6,3%, respectivamente.
En apenas seis meses, la pobreza creció 4,1 puntos porcentuales y la indigencia aumentó 1,2 puntos. El retroceso interrumpe la reducción que el Gobierno nacional había utilizado para sostener que su programa económico comenzaba a ofrecer resultados sociales. La nueva medición demuestra que la estabilidad de algunas variables macroeconómicas no garantiza una mejora en las condiciones de vida cuando los salarios y los ingresos populares pierden capacidad para cubrir las necesidades elementales.
La situación se vuelve todavía más grave en los barrios populares, una realidad que la medición general permite observar solo parcialmente. Un informe del Instituto Periferias, elaborado a partir de más de 5.000 encuestas realizadas en barrios de quince provincias, reveló que el 75,4% de las personas consultadas no logra cubrir los gastos mínimos de su hogar. Además, el 53,8% afirmó que llegó a quedarse sin alimentos y el 43,7% atraviesa situaciones de inseguridad alimentaria grave.
El hambre aparece acompañado por un creciente endeudamiento destinado a financiar consumos básicos. Casi seis de cada diez personas relevadas debieron pedir plata prestada o contraer una deuda para comprar comida, un dato que muestra hasta qué punto el crédito dejó de utilizarse para adquirir bienes durables y pasó a funcionar como un mecanismo de supervivencia. Las familias se endeudan porque sus ingresos no alcanzan y luego deben destinar parte de esos mismos recursos a pagar intereses, profundizando un círculo del que resulta cada vez más difícil salir.
“Somos testigos de una evidente crisis de ingresos en la Argentina. El deterioro en el salario, tanto en el empleo público como en el privado, empuja a miles de familias al endeudamiento y al recorte en la compra de alimentos”, explicó Daniel Menéndez, sociólogo y director del Instituto Periferias. Su diagnóstico vincula el crecimiento de la pobreza con el retroceso del poder adquisitivo y cuestiona cualquier interpretación que pretenda separar el deterioro social de la política salarial.
Menéndez agregó que “tres de cada cuatro personas no llegan a fin de mes y casi seis de cada diez se endeudaron para comprar alimentos”. “La radiografía que llevamos adelante desde el Instituto Periferias y que complementamos con otros indicadores, como la Encuesta Permanente de Hogares, da cuenta de una innegable situación crítica para millones de argentinos y argentinas”, concluyó.
Los dos relevamientos observan universos diferentes, pero exponen un mismo problema: la insuficiencia de los ingresos para garantizar una vida digna. Mientras el INDEC registra el crecimiento de la población cuyos recursos no alcanzan para cubrir las canastas básicas, el Instituto Periferias muestra cómo esa crisis se manifiesta cotidianamente en los sectores más castigados. Detrás de la suba de la pobreza existen salarios que no alcanzan, hogares que se endeudan para comer y familias que directamente se quedan sin alimentos.






