50 años de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas

Nacida en plena dictadura, la organización transformó el dolor individual en una lucha colectiva por la libertad de los presos políticos y por Memoria, Verdad y Justicia.

En septiembre de 1976, apenas unos meses después del golpe de Estado del 24 de marzo, un grupo de familiares de personas detenidas y desaparecidas comenzó a organizarse para enfrentar el silencio, la incertidumbre y el terror impuesto por la dictadura. Así nació Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, una organización que se convertiría en una de las voces fundamentales de la lucha por los derechos humanos en la Argentina Eran tiempos en los que buscar a un hijo, una hija, un compañero, una hermana o un padre significaba recorrer comisarías, juzgados, cuarteles y organismos públicos sin obtener respuestas. La desaparición forzada pretendía también borrar las huellas de quienes habían sido secuestrados y aislar a sus familias. Frente a ese propósito de silencio, los familiares comenzaron a encontrarse, a compartir información y, fundamentalmente, a transformar el dolor individual en una acción colectiva.

En aquellos primeros tiempos, cuando reunirse y organizarse implicaba riesgos enormes, la Liga  Argentina por los Derechos del Hombre cedió un espacio para que pudieran funcionar, en Corrientes y Callao, en la ciudad de Buenos Aires. Allí comenzaron a encontrarse familiares que buscaban a sus seres queridos y que, en medio de la más feroz represión, fueron construyendo una organización capaz de denunciar lo que estaba ocurriendo.

Pero la tarea de Familiares fue mucho más amplia. Durante la dictadura cívico-miliar- eclesiástica, participaron activamente en el acompañamiento y sostenimiento de los casi 10.000 presos políticos y de sus familias, en condiciones de enorme dificultad y persecución. La asistencia, las visitas, en contacto con los familiares, la recepción de denuncias y la búsqueda de información sobre las condiciones de detención fueron parte de una tarea cotidiana que permitió sostener vínculos y acompañar a quienes se encontraban privados de su libertad por razones políticas.

Aquella decisión de encontrarse fue también una forma de resistencia. Cada nombre pronunciado, cada denuncia presentada, cada fotografía, cada reclamo y cada búsqueda se enfrentaban a la pretensión de los represores genocidas de hacer desaparecer no solamente a las personas, sino también su existencia, sus historias y sus vínculos.

Durante la dictadura, Familiares participó activamente de la denuncia nacional e internacional del terrorismo de Estado. Con el paso del tiempo, sus voces contribuyeron a instalar una verdad que el poder pretendía negar: en la Argentina había decenas de miles de personas detenidas-desaparecidas y existía un plan sistemático de persecución, secuestro, tortura y exterminio.

Cincuenta años después de aquella fundación, la historia de Familiares forma parte inseparable de la historia de los derechos humanos en nuestro país. Es la historia de una lucha sostenida durante décadas, atravesada por pérdidas irreparables, pero también por la decisión de no abandonar nunca la búsqueda de verdad y justicia.

Medio siglo después, aquellos familiares que se reunieron en plena dictadura nos dejan una enseñanza que conserva toda su fuerza: cuando el terror intenta imponer el silencio, encontrarse, organizarse, acompañar a quienes sufren la prisión política, nombrar a los ausentes y reclamar justicia es resistir.

A 50 años, seguimos de pie. Pero no estamos solos: somos parte de una historia colectiva de lucha, de solidaridad y de resistencia.

Somos quienes heredamos los nombres, las banderas y las luchas de quienes nos precedieron. Somos quienes seguimos poniendo el cuerpo, la voz y la organización para que ningún nombre sea borrado, para que ninguna historia sea silenciada y para que ninguna familia vuelva a atravesar el horror de la desaparición y la prisión política.

Nos encontramos para recordar. Nos organizamos para resistir. Luchamos para transformar.

Nos une la memoria de quienes ya no están, la dignidad de quienes resistieron y el compromiso de quienes seguimos construyendo un presente y un futuro donde los derechos humanos sean una conquista irrenunciable.

Por eso, a 50 años de aquel septiembre de 1976, no venimos solamente a recordar lo que hicimos: venimos a reafirmar lo que somos y lo que seguimos haciendo juntos.

Durante  medio siglo presidieron el organismo Lucas Orfanó, Mabel Gutiérrez, Hilda Velasco, Lita Boitano hasta su fallecimiento y actualmente la presidencia la ejerce Graciela Lois.

Adriana Zerdin
Adriana Zerdin
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