miércoles, 16 de septiembre de 2026

Hambre en los barrios populares: el 42,3% pasó un día entero sin comer
El Instituto Periferias relevó 5.088 personas en 15 provincias y detectó que el 75,4% no logra cubrir los gastos mínimos del hogar.
El 42,3% de las personas relevadas en barrios populares pasó al menos un día entero sin comer por falta de plata, según el segundo informe nacional del Instituto Periferias. El estudio, realizado durante agosto de 2026 sobre 5.088 casos de 15 provincias, expone una situación de inseguridad alimentaria extrema a pocos días de que el INDEC publique los datos de pobreza del primer semestre.
“No hablamos de cambiar una marca, reemplazar un alimento o reducir una porción. Hablamos de personas que pasan un día completo sin comer”, explicó el sociólogo y director del Instituto Periferias, Daniel Menéndez. El dato asciende al 45,2% entre quienes tienen personas a cargo y alcanza su punto más alto en la franja de 35 a 44 años, con el 44,7%.
El informe identifica la insuficiencia de ingresos como la raíz de la emergencia. El 75,4% respondió que la plata disponible en el hogar no alcanza para cubrir los gastos mínimos, mientras solamente el 10,8% afirmó que puede afrontarlos. Entre quienes tienen familiares a cargo, la falta de ingresos suficientes trepa al 79,8%.
La privación alimentaria aparece como un proceso que comienza con la incertidumbre y termina en el hambre. El 83,7% se preocupó por no disponer de suficientes alimentos, el 76,2% comió una variedad reducida y el 73,4% no pudo acceder a productos saludables y nutritivos por falta de recursos.
La situación se agrava cuando la comida desaparece efectivamente de los hogares. El 53,8% aseguró que en algún momento se quedó sin alimentos y el 67,8% tuvo que comer menos de lo que consideraba necesario. A su vez, el 57,3% sintió hambre, pero no pudo comer porque no tenía plata.
Los hogares con personas a cargo concentran los indicadores más graves. En ese grupo, el 72,6% debió reducir la cantidad de comida y el 61,2% padeció hambre sin poder alimentarse, casi diez puntos más que entre quienes no tienen otras personas bajo su responsabilidad.
La franja de 35 a 44 años también aparece como la más castigada en buena parte de las mediciones. El 70,7% comió menos de lo necesario, el 59,7% sintió hambre y no pudo comer y el 55% declaró que su hogar se quedó sin alimentos. El informe muestra, además, una incidencia ligeramente superior entre las mujeres en la reducción de porciones y la imposibilidad de alimentarse pese a sentir hambre.
La emergencia alimentaria domina también la percepción sobre la realidad nacional. Consultadas sobre el principal problema del país, el 34,1% de las personas mencionó el hambre y el 27,1% señaló la pobreza. Ambas preocupaciones quedaron muy por encima de la inflación, el desempleo, la inseguridad y la corrupción.
Los resultados surgen de una encuesta estructurada, no probabilística y coincidental, realizada entre personas mayores de 18 años en centros comunitarios, paradas de transporte, plazas y ejes comerciales. Por las características del muestreo, el margen de error de 1,42% informado por el Instituto es orientativo y los datos describen específicamente al universo relevado.
El estudio confronta con un discurso oficial que presenta la desaceleración de la inflación y el equilibrio fiscal como sinónimos de recuperación. En los barrios populares, el problema no se limita al precio de los alimentos: millones de familias carecen de los ingresos necesarios para comprarlos.
“Antes de que falte efectivamente la comida, aparece la incertidumbre sobre si van a poder garantizarla”, advirtió Menéndez. Después llegan las porciones más pequeñas, la supresión de comidas y, finalmente, un día entero sin comer.






