viernes, 4 de septiembre de 2026

Milei reivindicó la dictadura de Pinochet
En un vergonzoso ataque contra la democracia, el Presidente celebró el derrocamiento de Salvador Allende, insultó a sus adversarios y convocó a una alianza internacional de ultraderecha.
El presidente Javier Milei realizó este jueves 3 de septiembre una vergonzosa reivindicación de la dictadura de Augusto Pinochet. Durante el Foro de Madrid, organizado por el partido ultraderechista Vox en Santiago de Chile, elogió el golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional de Salvador Allende. También ocultó los crímenes cometidos por el régimen militar y presentó el terrorismo de Estado como el comienzo de una etapa de progreso.
Milei afirmó que Chile inició un período de estabilidad y crecimiento después del “derrocamiento del comunista Allende”. La frase constituye una canallada histórica y un ataque directo contra la democracia. Allende no fue derrotado en una elección: fue derrocado por las Fuerzas Armadas el 11 de septiembre de 1973, después del bombardeo al Palacio de La Moneda.
El golpe instaló una dictadura que persiguió, torturó, asesinó, hizo desaparecer y expulsó del país a miles de personas. Pinochet clausuró el Congreso, prohibió los partidos políticos, intervino las universidades, censuró a la prensa y eliminó las libertades públicas. Milei borró deliberadamente esos crímenes para transformar a una dictadura sangrienta en un modelo económico digno de reconocimiento.
También falseó la historia al atribuirle al golpe un ciclo de crecimiento de más de 40 años. La dictadura terminó en 1990 y fue reemplazada por gobiernos elegidos mediante el voto popular. Mezclar ambas etapas solo busca lavar la imagen de Pinochet y presentar la destrucción del orden constitucional como una decisión beneficiosa para Chile.
No existe ninguna interpretación posible que vuelva aceptables estas declaraciones. El Presidente argentino reivindicó el derrocamiento de un gobierno democrático y justificó sus consecuencias. Que lo haga desde Chile, donde todavía permanecen abiertas las heridas provocadas por la represión, agrava una intervención que debería recibir el repudio de todas las fuerzas democráticas de América Latina.
Milei también insultó al presidente español, Pedro Sánchez, a quien llamó “Pedrito” y calificó como alguien “más sucio que una papa”. Además, responsabilizó a las personas migrantes por la supuesta destrucción de la identidad española. Su discurso reprodujo la xenofobia utilizada por la ultraderecha para señalar a los sectores más vulnerables como enemigos internos.
El mandatario cuestionó además a Mauricio Macri por haber retrocedido ante las protestas contra la reforma previsional de 2017. Lo acusó de haberse dejado presionar por quienes se movilizaron frente al Congreso y por los dirigentes de su propia coalición que le reclamaban moderación. El mensaje fue claro: Milei considera que un gobierno no debe escuchar el rechazo social ni modificar sus políticas, aunque el ajuste perjudique a trabajadores y jubilados.
Finalmente, convocó a las derechas a construir una alianza internacional y llamó “zurdos mugrosos” a quienes se oponen a su proyecto. No fue un exabrupto aislado, sino un discurso coherente con una identidad autoritaria que niega legitimidad a cualquier pensamiento diferente. Milei utiliza la palabra libertad mientras reivindica dictaduras, promueve la xenofobia y desprecia la voluntad popular.
La Argentina construyó después de 1983 un compromiso democrático basado en el Nunca Más y en la condena al terrorismo de Estado. Milei volvió a pisotear ese acuerdo frente a una organización de ultraderecha extranjera. Su reivindicación de Pinochet es incompatible con la tradición democrática y de derechos humanos de nuestro país y debe ser repudiada sin eufemismos.






