lunes, 7 de septiembre de 2026

El Senado expuso el cientificidio de Milei
Dieciocho referentes denunciaron que la inversión científica cayó al 0,14 por ciento del PBI y advirtieron sobre la destrucción de empleos, proyectos estratégicos y capacidades soberanas.
La Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado realizó el martes 25 de agosto una reunión informativa para analizar el deterioro del sistema científico argentino bajo el Gobierno de Javier Milei. El encuentro se desarrolló en el Salón Azul del Palacio Legislativo y estuvo encabezado por el senador Eduardo “Wado” de Pedro. Dieciocho investigadores, trabajadores, autoridades universitarias y representantes del sector productivo expusieron durante tres bloques.
El centro del debate fue el artículo 30 del Presupuesto 2026, que derogó los artículos 5, 6 y 7 de la Ley 27.614. Esas disposiciones establecían un incremento progresivo de la inversión científica hasta alcanzar el 1 por ciento del PBI en 2032 y garantizaban que las partidas nunca fueran inferiores a las del año anterior. Para 2026, la norma había fijado un piso del 0,52 por ciento.
La realidad impuesta por Milei se encuentra en el extremo opuesto. La inversión en ciencia y tecnología se proyecta en apenas el 0,14 por ciento del PBI, el porcentaje más bajo de la serie iniciada en 1972. Desde diciembre de 2023, el sector acumuló una caída presupuestaria real superior al 50 por ciento.
El matemático y divulgador Adrián Paenza cuestionó que el Gobierno haya eliminado una política de financiamiento aprobada por amplios consensos. “No se puede entender que, si hay una ley que hablaba de llegar al 1 por ciento del PBI, hoy estemos en el 0,14”, afirmó. También calificó como “una vergüenza” el destrato sufrido por quienes trabajan en el sistema científico nacional.
Las exposiciones describieron laboratorios sin recursos para comprar reactivos, equipamiento paralizado y proyectos de investigación interrumpidos. También advirtieron sobre el deterioro salarial y la emigración de investigadores formados durante años en universidades públicas. El ajuste no solamente destruye puestos de trabajo: entrega a otros países conocimientos y capacidades financiados por toda la sociedad argentina.
La crisis atraviesa al CONICET, el INTA, la CONAE, ARSAT, las universidades nacionales y los institutos tecnológicos. Nicolás Ciano, secretario general de la Asociación del Personal del INTA, denunció que el organismo perdió 1.800 trabajadores desde la llegada de Milei. “En cada mesa de los argentinos hay un poquito de INTA”, recordó al explicar su importancia para la soberanía y la seguridad alimentaria.
El físico Diego Hurtado advirtió que la CONAE no tiene directorio ni proyectos futuros. También denunció que el Gobierno mantiene una deuda superior a los 80 millones de dólares con ARSAT por servicios que continúa utilizando. “Esta es solamente la Argentina del RIGI y del Super RIGI”, afirmó antes de reclamar que el país vuelva a pensar su desarrollo en términos de liberación.
El exministro Daniel Filmus definió el proceso como un “cientificidio”. Recordó que las leyes eliminadas habían sido construidas mediante acuerdos entre distintas fuerzas políticas y, en algunos casos, aprobadas por unanimidad. También reclamó recuperar el financiamiento progresivo y avanzar con una ley de emergencia para impedir que la destrucción se vuelva irreversible.
Wado de Pedro sostuvo que el sistema científico “no da más” y anunció que la comisión continuará trabajando para defender el financiamiento, los puestos laborales y la permanencia de los jóvenes en el país. El senador remarcó que desde la asunción de Milei se perdió casi la mitad del presupuesto del sector. La oposición buscará reconstruir en el Congreso las garantías eliminadas por el oficialismo.
El desmantelamiento científico no es un error ni una consecuencia inesperada del ajuste. Es una política destinada a convertir a la Argentina en un país más dependiente, incapaz de desarrollar tecnología propia y obligado a comprar en el exterior aquello que podría producir. Un Gobierno que destruye su ciencia también renuncia a su soberanía y clausura cualquier proyecto nacional de desarrollo.







