Becerra: “Hace 60 años que no se piensa la educación hacia el futuro”

El docente y ensayista cuestionó las reformas educativas que ignoran las condiciones materiales de las escuelas y planteó la necesidad de recuperar un proyecto capaz de pensar qué educación necesita la Argentina.

El docente, especialista y ensayista Manuel Becerra cuestionó la sucesión de reformas educativas que concentran la discusión en los diseños curriculares, las nuevas tecnologías o las obligaciones de los docentes sin abordar las condiciones materiales en las que se enseña y se aprende. En diálogo con Un País en Serio, por Radio Con Vos, sostuvo que la Argentina lleva décadas sin construir un proyecto educativo pensado hacia el futuro y planteó que esa ausencia está directamente relacionada con la falta de una discusión más profunda sobre el modelo de país.

“Las políticas públicas en educación desde el 83 han ido corriendo de atrás para resolver deudas pendientes. El último proyecto que pensó la educación hacia adelante fue el primer peronismo y, con discusiones, el gobierno de Onganía. Hace 60 años que no se piensa la educación hacia el futuro”

Para el cofundador del portal Gloria y Loor, una transformación educativa no puede reducirse a modificar programas, incorporar contenidos o exigir cambios pedagógicos a quienes están frente a las aulas. “Toda reforma educativa que quiera cambiarle el chip a los docentes o modificar los diseños curriculares es mentira, es humo, y todo va a seguir igual o peor. La única reforma educativa real posible es si se reforman los espacios donde sucede la educación”, sostuvo.

Esa transformación, explicó, supone discutir qué características tienen los edificios escolares y qué condiciones ofrecen para enseñar, aprender y convivir durante varias horas cada día. “A los chicos de las grandes ciudades les falta verde y cielo. Necesitamos escuelas llenas de plantas, acceso a terrazas, intervención de artistas y arquitectos. Y no podemos naturalizar que nos caguemos de calor en verano y de frío en invierno; la escuela no puede ser un edificio climáticamente hostil”, señaló.

Becerra también puso en discusión la idea de que modernizar la educación equivale necesariamente a incorporar tecnología. Frente a esas miradas, reclamó recuperar una concepción humanista de la enseñanza que permita pensar qué ciudadanos y qué sociedad se pretende construir. “Incorporar tecnología son los brillitos del presente, es encandilarse. Pensar el futuro es desarrollar subjetividades y ciudadanías. Las dirigencias de ultraderecha piensan en salvarse ellas y matar a todos los demás; a eso hay que oponerle una discusión humanista”, expresó.

“El estatuto es una cosa muy rígida, pero es un gran paraguas contra las tendencias más brutales. Establece un sistema de ascensos meritocrático que impide, por ejemplo, que tengamos ‘escuelas de Mercado Libre’ o ‘escuelas de McDonald’s’.»

La discusión sobre las condiciones laborales docentes ocupó otro tramo de la entrevista. Consultado sobre el Estatuto Docente, sancionado en 1958, Becerra reconoció las dificultades de una normativa que fue concebida para una realidad profesional diferente, pero advirtió sobre los riesgos de avanzar en su modificación sin preservar las garantías que protegen al sistema educativo de criterios empresariales o discrecionales.

“El estatuto es una cosa muy rígida, pero es un gran paraguas contra las tendencias más brutales. Establece un sistema de ascensos meritocrático que impide, por ejemplo, que tengamos ‘escuelas de Mercado Libre’ o ‘escuelas de McDonald’s’. Hay que pensar modificaciones con mucha delicadeza para no desproteger la educación y convertirla en un bazar turco”, afirmó.

En ese sentido, cuestionó las políticas implementadas en la Ciudad de Buenos Aires para controlar el ausentismo y las licencias médicas docentes mediante mecanismos tercerizados. Según Becerra, ese enfoque desplaza la discusión sobre la tarea pedagógica para concentrarse exclusivamente en el cumplimiento laboral: “Solo piensan en un empleado que cumpla el horario a como dé lugar, no en si enseña bien o si cumple su función pedagógica. Terminan pensando la escuela como una guardería o un depósito”.

También relativizó el impacto de las medidas destinadas a prohibir los teléfonos celulares en las aulas. “Prohibir los celulares en la escuela primaria es prohibir que las vacas usen ala delta: los chicos no usan celular ahí. En secundaria, la resolución no trajo nada nuevo; la pelea para que el pibe guarde el teléfono la sigue dando el docente solo en el aula”, aseguró.

Becerra vinculó parte de esas discusiones con lo que definió como un “pánico moral” alrededor de la escuela y, particularmente, con las denuncias sobre supuesto adoctrinamiento político. “Hay un pánico moral de que los hijos estén expuestos a ideas que a los padres no les gustan. Nadie define su identidad política porque un docente le baje línea; las identidades se construyen de manera misteriosa. Si hay debate democrático en la escuela, celebremos”, planteó.

Lejos de rechazar la tecnología, el especialista propuso discutir cómo incorporarla sin abandonar otras experiencias que considera fundamentales para la formación. En ese esquema ubicó tanto la necesidad de garantizar infraestructura digital pública como la recuperación del libro, el material impreso, la lectura prolongada y los momentos de concentración.

“Es imprescindible que el Estado ponga una pantalla frontal con acceso a internet en todas las aulas del país, controlada por el docente, porque ahí también está la cultura de hoy. Pero al mismo tiempo, la escuela tiene que ser un lugar donde podamos lentificar nuestras vidas”, concluyó.

La mirada de Becerra devuelve así la discusión educativa a una pregunta anterior a cualquier reforma curricular o innovación tecnológica: qué escuela necesita la Argentina y para qué sociedad. Una discusión que, según su diagnóstico, permanece pendiente desde hace décadas y que difícilmente pueda resolverse sin volver a pensar la educación como parte de un proyecto de país.

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Redacción general del portal.

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