La inflación golpea más a jubilados y desocupados

El índice de los trabajadores bajó al 1,7% en junio, pero superó el 1,8% entre los hogares de menores ingresos.

La inflación de los trabajadores se desaceleró al 1,7% en junio y alcanzó su registro mensual más bajo desde agosto de 2025, aunque el promedio volvió a esconder fuertes diferencias según el nivel de ingresos y la situación laboral. Los hogares encabezados por jubilados y desocupados soportaron aumentos superiores al promedio, en un escenario marcado por el encarecimiento de la salud y otros servicios esenciales.

Los datos surgen del último informe del Instituto de Estadísticas de los Trabajadores (IET) de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) y el Centro para la Concertación y el Desarrollo (CCD). El relevamiento ubicó la inflación interanual en 32,5%, mientras que durante los primeros seis meses de 2026 los precios acumularon un incremento del 15,8%.

La desaceleración respecto del 2% registrado en mayo interrumpió además la aceleración gradual que el indicador mostraba desde octubre pasado. Sin embargo, el propio informe advierte que, si durante el segundo semestre se repitiera la dinámica de los primeros seis meses, 2026 finalizaría con una inflación cercana al 34%.

La composición del índice muestra, además, que algunos de los aumentos más pronunciados se concentraron en consumos difíciles de postergar. Salud encabezó las subas de junio con un 3,3%, impulsada especialmente por los servicios para pacientes externos, que aumentaron 6,2%. Equipamiento y mantenimiento del hogar avanzó 2,9%; Bebidas alcohólicas y tabaco, 2,7%; y Vivienda, 2,2%.

Alimentos y bebidas no alcohólicas aumentó 1,5%, por debajo del nivel general, aunque el promedio volvió a ocultar comportamientos muy diferentes entre productos. Las verduras subieron 5,9%, mientras que las carnes registraron un incremento de apenas 0,6%. Prendas de vestir y calzado fue el único rubro que mostró una caída, con una variación negativa del 0,6%.

La desigualdad aparece con mayor claridad cuando la inflación se analiza según las características de los hogares. Entre aquellos cuyo principal sostén es un jubilado, el incremento llegó al 1,82%, mientras que para los encabezados por una persona desocupada alcanzó el 1,79%. En los deciles de menores ingresos la suba superó el 1,8%, frente al 1,6% registrado entre el 10% de mayores recursos.

El diputado nacional y director ejecutivo del CCD, Nicolás Trotta, advirtió que la reducción del índice mensual no implica por sí misma una recuperación de las condiciones de vida. “La desaceleración de junio no alcanza para compensar el deterioro acumulado en el poder adquisitivo de los trabajadores”, sostuvo.

Trotta señaló especialmente el peso que adquieren los aumentos de los servicios esenciales sobre los sectores con menores márgenes para reorganizar sus gastos. “Los aumentos en salud y agua golpean con más fuerza a los jubilados y desocupados, mientras el Gobierno insiste en que la estabilidad de precios alcanza para mejorar los ingresos, cosa que es falsa y que venimos advirtiendo”, afirmó.

El dirigente también cuestionó que la desaceleración inflacionaria sea presentada como sinónimo de recuperación económica. “La mejora nominal en la inflación no se traduce en mayor bienestar para los sectores más vulnerables, ni en recuperación de la actividad económica”, señaló.

La evolución acumulada de algunos rubros permite observar otra dimensión del proceso. En los últimos doce meses, Transporte encabezó las subas con un 46,5%, impulsado por el incremento de los combustibles y el transporte público. Le siguieron Vivienda, con 37,3%; Bienes y servicios varios, con 35,8%; y Alimentos y bebidas no alcohólicas, con 32,9%.

En el extremo opuesto se ubicaron Prendas de vestir y calzado, con una variación interanual del 11%, y Equipamiento y mantenimiento del hogar, con 24,3%. Dentro de este último rubro, los electrodomésticos aumentaron apenas 3,5% en doce meses, una dinámica que el IET relaciona con la apreciación cambiaria y la apertura de las importaciones.

El coordinador del instituto, Fabián Amico, explicó que ese mecanismo contribuye a contener determinados precios, pero tiene consecuencias sobre la estructura productiva. “La estabilidad cambiaria y la apertura a las importaciones explican la moderación de precios en bienes como los electrodomésticos, lo que sigue atentando contra el empleo nacional, pero, además, esto convive con fuertes subas en servicios regulados y de salud”, señaló.

El dato de junio expone así una de las tensiones centrales del programa económico del Gobierno. La reducción de la velocidad de aumento de los precios constituye una mejora respecto de los registros inflacionarios anteriores, pero no determina por sí sola una recomposición del poder adquisitivo ni una recuperación de la actividad. Al mismo tiempo, parte de la desaceleración en los bienes convive con una mayor competencia importada para la producción nacional y con incrementos considerablemente superiores en servicios que tienen un peso decisivo sobre los presupuestos familiares.

La inflación baja, pero sus efectos están lejos de distribuirse de manera uniforme. Para jubilados, desocupados y hogares de menores ingresos, el costo de los bienes y servicios esenciales continúa avanzando por encima del promedio, mientras la pérdida acumulada de ingresos sigue condicionando cualquier mejora efectiva en las condiciones de vida.

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Redacción general del portal.

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