viernes, 9 de octubre de 2026

El Che, una vida que sigue incomodando al poder
A 59 años de su asesinato en Bolivia, Ernesto Guevara permanece como símbolo de la lucha contra el imperialismo, la desigualdad y toda forma de sometimiento.
El 9 de octubre de 1967, Ernesto “Che” Guevara fue ejecutado en la escuela de La Higuera, Bolivia, luego de haber sido capturado durante un enfrentamiento con el Ejército boliviano. Tenía 39 años y encabezaba una experiencia guerrillera que pretendía extender la revolución por América Latina. Su asesinato, decidido por las autoridades bolivianas con intervención de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, buscó terminar con un hombre y disciplinar a quienes enfrentaban el orden impuesto al continente.
Nacido en Rosario el 14 de junio de 1928, Guevara estudió Medicina y recorrió América Latina antes de convertirse en uno de los protagonistas de la Revolución Cubana. Durante esos viajes conoció la pobreza, la explotación laboral, el despojo de las comunidades indígenas y la subordinación económica de los países latinoamericanos. Aquella experiencia transformó al joven médico en un militante convencido de que las injusticias del continente no eran accidentes, sino consecuencias de un sistema organizado para concentrar la riqueza y someter a los pueblos.
En México conoció a Fidel y Raúl Castro y se incorporó al Movimiento 26 de Julio. Participó del desembarco del Granma, combatió en la Sierra Maestra y tuvo un papel decisivo en la batalla de Santa Clara, que precipitó la caída de la dictadura de Fulgencio Batista. Tras el triunfo revolucionario del 1º de enero de 1959, ocupó distintas responsabilidades en el nuevo Gobierno cubano y participó en la construcción de un proyecto que desafió abiertamente la dominación estadounidense.
El Che fue presidente del Banco Nacional de Cuba, ministro de Industrias y representante de la Revolución en numerosos encuentros internacionales. Desde esas funciones defendió la industrialización, la planificación económica, la soberanía nacional y la necesidad de construir un ser humano guiado por la solidaridad y no por el beneficio individual. Su pensamiento nunca separó la transformación económica de la formación política, la ética militante y la participación popular.
Su figura tampoco puede reducirse a una fotografía reproducida hasta el infinito ni a una consigna despojada de contenido. Guevara fue un dirigente político, un intelectual revolucionario y un hombre dispuesto a asumir personalmente los riesgos de las ideas que defendía. Su internacionalismo lo llevó primero al Congo y después a Bolivia, donde intentó abrir un nuevo frente contra el imperialismo y las estructuras oligárquicas latinoamericanas.
La orden de ejecutarlo pretendió evitar un juicio público que transformara su palabra en una nueva denuncia contra la dependencia regional. Después de su muerte, sus manos fueron cortadas para comprobar su identidad y su cuerpo permaneció oculto durante tres décadas. Sus restos fueron encontrados en 1997 y trasladados a Cuba, donde descansan en el memorial de Santa Clara.
Quienes ordenaron su asesinato lograron terminar con su vida, pero fracasaron en el intento de borrar su ejemplo. El Che permanece presente en las luchas por la soberanía, la justicia social y la unidad latinoamericana, pero también en cada discusión sobre el compromiso político y la coherencia entre las convicciones y la práctica. Su legado incomoda porque recuerda que la desigualdad no es inevitable y que ningún poder es invencible cuando los pueblos deciden organizarse.
A 59 años de su paso a la inmortalidad, Ernesto Guevara continúa interpelando a una América Latina atravesada por la concentración de la riqueza, el avance de las ultraderechas y nuevas formas de injerencia imperial. Recordarlo no significa convertirlo en una figura inmóvil, sino recuperar las preguntas que orientaron su vida: quiénes se benefician con el sufrimiento de las mayorías, qué responsabilidades asume quien conoce una injusticia y hasta dónde está dispuesto a comprometerse para transformarla. El Che sigue vivo porque las causas por las que luchó todavía esperan una victoria definitiva.






