martes, 6 de octubre de 2026

Brasil define el rumbo político de la región
El resumen semanal de Faro Latinoamericano analiza un balotaje decisivo entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, mientras Estados Unidos profundiza su ofensiva contra Cuba y México discute la responsabilidad de las plataformas digitales.
Lula da Silva y Flávio Bolsonaro disputarán el domingo 25 de octubre la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, después de una primera ronda que dejó al candidato de la ultraderecha con el 47,03 por ciento de los votos y al actual mandatario con el 45,16. La diferencia fue de apenas 2.224.965 sufragios sobre un padrón cercano a los 160 millones de electores. El resultado convierte las próximas tres semanas en una batalla política capaz de incidir sobre el futuro de la integración regional, la democracia brasileña y la relación de fuerzas en toda América Latina.
Flávio Bolsonaro reunió 56.104.503 votos y Lula obtuvo 53.879.538, mientras los otros diez candidatos concentraron en conjunto el 7,81 por ciento. La participación alcanzó al 78,92 por ciento del electorado, pero más de 33 millones de personas no concurrieron a votar y casi seis millones eligieron opciones en blanco o nulas. La capacidad de ambos espacios para convocar a quienes se abstuvieron y disputar los votos de las candidaturas eliminadas será determinante para el balotaje.
El bolsonarismo interpretó el resultado como el comienzo del fin del ciclo encabezado por el Partido de los Trabajadores y también consiguió avanzar en su representación parlamentaria. Lula reconoció que esperaba imponerse en la primera vuelta, pero anticipó el inicio de una “nueva campaña” y anunció que buscará exponer los presuntos vínculos de su adversario con el crimen organizado. La diferencia inferior a dos puntos demuestra que la elección permanece abierta y que ninguno de los dos proyectos puede adjudicarse todavía la representación mayoritaria del pueblo brasileño.
Las mujeres, que representan el 52,8 por ciento del padrón, y la población negra tendrán un papel central en la definición. Brasil posee la mayor comunidad afrodescendiente fuera de África y el gobierno de Lula colocó la igualdad racial dentro de su agenda mediante un ministerio conducido por Anielle Franco, hermana de la concejala feminista Marielle Franco, asesinada en 2018. La disputa electoral también enfrenta dos concepciones antagónicas acerca de los derechos sociales, la igualdad, la soberanía y el lugar de Brasil en el mundo.
Javier Milei intervino abiertamente en la contienda al felicitar a Flávio Bolsonaro y presentar el resultado como un avance continental de “la libertad” frente al supuesto “comunismo” de Lula. Su posicionamiento confirmó el alineamiento del Gobierno argentino con la ultraderecha regional y anticipó que una victoria bolsonarista fortalecería el bloque político que pretende subordinar América Latina a los intereses de Estados Unidos. Del otro lado, la continuidad de Lula representa la defensa de los BRICS, la integración latinoamericana y una política exterior con mayores márgenes de autonomía.
La elección brasileña no constituye, por lo tanto, un asunto exclusivamente nacional. Brasil es la principal economía de América Latina, un socio estratégico de la Argentina y una pieza central en cualquier proyecto de integración soberana. El resultado del 25 de octubre tendrá consecuencias sobre el Mercosur, la relación con China, la consolidación de los BRICS y la posibilidad de reconstruir una agenda común frente a las presiones de Washington.
Esa presión volvió a expresarse esta semana sobre Cuba. La Guardia Costera estadounidense interceptó un buque que transportaba combustible hacia la isla, mientras el primer ministro cubano, Manuel Marrero, denunció el “ahogo” provocado por las sanciones de Donald Trump y advirtió sobre una grave escasez energética. Pese al bloqueo económico, comercial y financiero, el Gobierno cubano informó que continúan creciendo las solicitudes de inversión extranjera y que se concretaron nuevos negocios.
En México, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció la preparación de un decreto para obligar a las plataformas digitales a retirar contenidos que promuevan la violencia, el abuso o el acoso. La medida fue impulsada después del asesinato de la subdirectora de una escuela secundaria de Torreón a manos de dos exalumnos. La decisión vuelve a poner en discusión el poder de las empresas tecnológicas y la responsabilidad estatal frente a espacios digitales que no pueden permanecer al margen de las leyes ni de la protección de la vida.
Donald Trump, al mismo tiempo, anunció la creación de una denominada Fuerza de Superinteligencia destinada a garantizar el liderazgo estadounidense en inteligencia artificial. También prometió distribuir cheques de 90 dólares entre más de 20 millones de adultos mayores para afrontar las cuotas de Medicare, a solo un mes de las elecciones legislativas. La proximidad de los comicios coloca esa asistencia bajo la misma sospecha de utilización electoral que Washington suele adjudicar a las políticas sociales de otros países.
Bolivia, por su parte, atraviesa una crisis institucional marcada por denuncias cruzadas entre el Poder Ejecutivo, la Vicepresidencia y el Ministerio Público. El vicepresidente Edman Lara aseguró que pretenden detenerlo mediante una causa armada y denunció amenazas contra su integridad, mientras el Gobierno acusó a sectores de la Fiscalía de mantener vínculos con organizaciones vinculadas al narcotráfico. La Asamblea Plurinacional designó a José Armando Urioste como fiscal general interino después de la detención y suspensión de Roger Mariaca.
El escenario regional combina elecciones decisivas, ofensivas sobre gobiernos que desafían la hegemonía estadounidense, disputas por la regulación tecnológica y crisis institucionales. En ese tablero, el balotaje brasileño ocupa el centro porque enfrenta dos proyectos incompatibles: uno asociado con la ultraderecha, el autoritarismo y el alineamiento con Washington; otro vinculado con la justicia social, la integración regional y una política exterior soberana. El 25 de octubre Brasil elegirá presidente, pero toda América Latina sentirá las consecuencias de esa decisión.






