sábado, 10 de octubre de 2026

Javier Vaca: “Cincuenta años después terminé dándole la razón a una víctima de mi padre”
El integrante de Historias Desobedientes relató cómo reconstruyó la participación de su padre en la represión ilegal y destacó la organización internacional de familiares de genocidas que rompieron el mandato de silencio.
Javier Vaca, integrante del colectivo Historias Desobedientes, reconstruyó durante una entrevista en Sesión Especial, el programa de ATE Legislatura por Radio Germán Abdala, el largo proceso personal que le permitió comprender la participación de su padre en el aparato represivo de la última dictadura. El militante relató las señales que atravesaron su infancia, su posterior confrontación familiar y el encuentro con una víctima que había permanecido secuestrada en un centro clandestino al que él era llevado cuando tenía diez años. También reivindicó el valor del documental Desobedientes para impulsar nuevos testimonios y extender la experiencia del colectivo hacia otros países.
Historias Desobedientes reúne desde hace casi una década a hijas, hijos y familiares de responsables de crímenes de lesa humanidad que decidieron rechazar el legado ideológico de sus familias. Vaca explicó que la experiencia posee una característica profundamente vinculada con la tradición organizativa argentina: transformar una historia individual, atravesada por el secreto y la culpa, en una construcción colectiva. “En otros países había desobedientes; lo que no había era una organización que los aglutinara”, señaló.
El movimiento construyó vínculos con familiares de represores de Chile, Paraguay, Brasil, Uruguay, España y Alemania. En ese recorrido, sus integrantes participaron de encuentros en Wannsee, el lugar donde jerarcas nazis coordinaron la denominada “solución final” contra el pueblo judío y otros grupos perseguidos. La internacionalización permitió reconocer que, aunque cada genocidio presenta características históricas específicas, los descendientes que rompen con el mandato familiar comparten dificultades semejantes para reconstruir la verdad.
Vaca explicó que muchas personas se acercan al colectivo después de una charla, una actividad escolar o una proyección del documental. La posibilidad de escuchar experiencias similares les permite comenzar a preguntar por fotografías, documentos, destinos laborales y silencios familiares. “No es que un día te despertás sabiendo que tu papá era un genocida. Operan mucho el olvido, la negación y la vida misma; ubicarte en esa situación lleva mucho tiempo”, afirmó.
En su caso, las primeras señales aparecieron durante la infancia en Rosario. Su familia le había ordenado que no contara dónde trabajaba su padre, integrante del Destacamento de Inteligencia del Ejército, mientras en su casa circulaban armas, granadas, objetos sin procedencia conocida y una picana eléctrica con la que jugaba sin comprender para qué había sido utilizada. Años después, la reconstrucción de esos recuerdos le permitió relacionar objetos cotidianos con los robos cometidos durante operativos represivos.
El ingreso a la Universidad Nacional de Rosario, recuperada la democracia, fue decisivo para comenzar a interrogar aquella historia. Vaca se acercó al socialismo popular santafesino y empezó a discutir con su padre sobre la dictadura, en una etapa todavía atravesada por el miedo a un nuevo levantamiento militar. “Me dijo: ‘Me pasé persiguiendo comunistas y socialistas toda mi vida y ahora tengo un hijo socialista’”, recordó.
La información acumulada con el paso de los años confirmó vínculos cada vez más directos. Según relató, su madre le reveló que su padre había intervenido en el alquiler de la Quinta de Funes, uno de los centros clandestinos de detención que funcionaron en Rosario. También recordó que lo llevaba a jugar a los terrenos de la Fábrica Militar de Armas Domingo Matheu, mientras en las caballerizas permanecían personas secuestradas.
Décadas más tarde, durante una actividad de Historias Desobedientes en la Quinta de Funes, Vaca se encontró con un sobreviviente que había declarado haber escuchado niños jugando mientras permanecía cautivo. Los represores habían utilizado esa afirmación para desacreditar su testimonio con el argumento de que nadie llevaría a sus hijos a un centro clandestino. “Cincuenta años después, contando que me llevaban a jugar, terminé dándole la razón a una de las víctimas”, relató.
La reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad durante el gobierno de Néstor Kirchner terminó de completar el rompecabezas. Al seguir las audiencias en Rosario, Vaca reconoció entre los acusados y condenados a hombres que habían frecuentado su casa durante la infancia. Ese descubrimiento lo impulsó a buscar información, contactar a organismos de derechos humanos y aportar los datos que conservaba sobre el funcionamiento del destacamento.
“En ningún lugar de la historia de la humanidad está bien secuestrar, torturar, violar, robar bebés, desaparecer personas o arrojarlas desde aviones”, afirmó. Frente a quienes intentan justificar esos crímenes bajo el argumento de que “eran otras épocas”, Historias Desobedientes sostiene una ruptura ética y política con sus propios familiares. Su existencia demuestra que ningún vínculo de sangre obliga a guardar silencio ni a defender el horror.
El documental Desobedientes recupera esas historias y ya permitió que una nueva integrante se acercara al colectivo después de reconocerse en los testimonios. Para Vaca, cada proyección puede abrir una puerta a quienes todavía buscan comprender el pasado de sus familias. En tiempos de negacionismo estatal, esa desobediencia vuelve a colocar la memoria, la verdad y la justicia en el lugar de una responsabilidad colectiva.






