sábado, 12 de septiembre de 2026

Lo que el INDEC no ve: para quienes compran comida con deuda, la inflación llegó al 4,9%
El Instituto Periferias advirtió que el índice oficial no contempla el costo financiero que afrontan millones de familias obligadas a pedir plata prestada para alimentarse.
La inflación de los alimentos fue del 1,7% en agosto, pero alcanzó el 4,9% entre las familias de los barrios populares que debieron endeudarse para comprar comida, según una estimación del Instituto Periferias. La diferencia surge de incorporar al aumento de los precios el costo financiero que pagan quienes no pueden cubrir la canasta alimentaria con sus ingresos. El dato expone una dimensión de la crisis que no aparece reflejada en el índice oficial: para millones de argentinos, el precio de la góndola no es el precio final.
El cálculo se apoya en la encuesta nacional realizada por Periferias sobre 5.000 casos en 15 provincias. El relevamiento mostró que el 61,8% de las personas que viven en barrios populares mantiene algún tipo de deuda y que el 59,8% debió pedir plata prestada específicamente para comprar alimentos. La deuda dejó así de utilizarse para afrontar un gasto extraordinario y pasó a ocupar el lugar de los ingresos que ya no alcanzan.
El sociólogo y director del Instituto Periferias, Daniel Menéndez, explicó que al índice informado por el INDEC debe agregarse el costo que afrontan quienes acceden al consumo mediante créditos, préstamos o compras financiadas. “Para esos endeudados, a la inflación medida por el INDEC se le debe sumar el costo financiero que pagan millones de argentinos y argentinas para acceder a los alimentos”, señaló. Al incorporar ese recargo, la inflación alimentaria para ese sector asciende al 4,9%.
El índice oficial mide la variación de los precios, pero no registra cuánto termina pagando una familia cuando necesita financiar una compra básica. En esos casos, al valor de los alimentos se suman intereses que pueden multiplicar varias veces el costo original. La brecha resulta todavía mayor para quienes tienen ingresos bajos, quedan fuera del crédito bancario tradicional y acceden a opciones de financiamiento más caras.
Menéndez puso como ejemplo las tasas máximas aplicadas por Mercado Pago, donde una compra financiada en doce cuotas puede acumular un recargo total del 187%. Esto significa que los mismos alimentos pueden terminar costando casi tres veces su valor de contado. El problema se agrava porque, según el instituto, el 75% de las personas relevadas no logra llegar a fin de mes.
La falta de ingresos suficientes alimenta así un círculo de endeudamiento permanente. Muchas familias recurren a nuevos préstamos para pagar cuotas anteriores mientras deben volver a financiar la compra de comida del mes siguiente. Cada refinanciación incorpora nuevos intereses y reduce todavía más la plata disponible para cubrir las necesidades esenciales.
“La gente dejó de endeudarse por cosas secundarias y pasó a hacerlo para sobrevivir”, resumió Menéndez. El problema, por lo tanto, no se limita al comportamiento de los precios ni puede explicarse como una decisión individual de consumo. Detrás del 4,9% que no aparece en la medición oficial existe una crisis de ingresos que obliga a millones de personas a pagar intereses para poder comer.






