miércoles, 2 de septiembre de 2026

El fantasma de García Lorca caminó por las calles de Avellaneda
El Centro Cultural La Calle Larga fue escenario de cuatro lunas. El homenaje al arte y compromiso político revolucionario de Federico García Lorca, el motivo.
El Centro Cultural La Calle Larga fue escenario de cuatro lunas. El homenaje al arte y compromiso político revolucionario de Federico García Lorca, el motivo. Avellaneda, “Cuna de la resistencia”, territorio rebelde y epicentro del luminoso 17 de octubre de 1945, se vistió durante todo el mes de agosto con la bandera morada, roja y amarilla de la Segunda República Española, para realizar una serie de actividades organizadas por la “Comisión Popular de Homenaje a Federico García Lorca”, en memoria del gran poeta y dramaturgo granadino, de cuyo fusilamiento por parte de las huestes fascistas de Francisco Franco se cumplieron noventa años. Nueve décadas en las que la muerte, aún, se pregunta que hacer con tanta vida.
Solo bastaron seis meses para que Federico se enamore de Buenos Aires. Desde mediados de octubre de 1933 a marzo de 1934, la gran metrópoli rioplatense vestida siempre de gala con su arquitectura sincrética, sus calles casi tan bellas como las mujeres y hombres que las habitan y el misterio del tango convertido como único “pensamiento triste que se baila”, a decir de Enrique Santos Discépolo, hipnotizó al poeta de Fuente Vaqueros.
Según describió su biógrafo Ian Gibson en “Federico García Lorca. Vida, pasión y muerte”, el recibimiento en Buenos Aires, aquel 13 de octubre de 1933, fue triunfal: lo esperaban periodistas, fotógrafos y representantes culturales y algunos paisanos de su pueblo natal. Asombrado por esa recepción, Lorca le escribió a su madre: “Me tratan como a un ministro”. Y agregó: “Estoy abrumado por la cantidad de agasajos y distinciones que estoy recibiendo, deslumbrado por tanto jaleo. Aquí tengo la fama de un toreo”.
En ese medio año de respirar los aires buenos del centro y los arrabales porteños, García Lorca experimentó el éxito teatral. El reestreno de Bodas de sangre a fines de octubre, se convirtió en un triunfo de taquilla que permaneció varios meses en cartel y le permitió enviar a su padre una suma importante de dinero, algo infrecuente en su carrera.
Previo a su partida de Buenos Aires, y durante una entrevista que concedió al diario Crítica, Federico aprovechó para dejar en claro su postura antimonárquica (en relación a España) y su preocupación por el avance de la derecha fascista, tanto en su país como en Europa en general. En esa edición del mítico diario, un cronista escribió que el poeta hablaba constantemente de la tarea de La Barraca (la compañía de teatro popular y ambulante que dirigía en España junto a su amigo Eduardo Ugarte), y desde una mirada clasista, criticó el accionar “burgués” de la época. En esa misma línea dejó una de sus declaraciones más citadas: “Yo arrancaría de los teatros las plateas y los palcos y traería abajo el gallinero. En el teatro hay que dar entrada al público de alpargatas. ¿Trae usted, señora, un bonito traje de seda? Pues, ¡afuera!”.
Su último acto artístico en Buenos Aires fue una puesta de Retablillo de don Cristóbal, una obra de títeres representada en el Teatro Avenida, a una cuadra del Hotel Castelar, (cerrado desde la pandemia), ubicados ambos sobre Avenida de Mayo, donde pasó toda su estadía en la “Reina del Plata”. Aquella última función había comenzado a las 2 de la madrugada, y entre los asistentes estuvieron Oliverio Girondo, su esposa Norah Lange, Conrado Nalé Roxlo, Raúl González Tuñón, entre otros.
Un fantasma granadino en la Calle Larga de Avellaneda
La misma ciudad que lo cobijó y celebró en la década del treinta del pasado Siglo XX, hoy lo olvidó de manera coherente con el giro ideológico de las últimas largas décadas; por estos días sumida monotemáticamente en la “ley y el orden” del represor y racista conurbanense autopercibido porteño, Jorge Macri.
Avellaneda -de manera contraria- abrazó su memora y recuerdo, y durante todo agosto se organizaron lecturas, charlas, inauguraciones de mosaicos y sueltas de libros en su honor, y todo finalizó en una pensada, ensayada y amorosa puesta en escena de la obra “Federico de las cuatro lunas”, en el Centro Cultural de la Calle Larga, con las actuaciones de José Luis Venturini, Marita Ruchti, Patricia Santoyanni, Nazarena Palacio, Gisela Nomdedeu, Patricia Casalvieri, Humberto Lio. Titeres: Carlos Cortés, Martín Casalongue, la música en vivo de Morena Martínez (voz), Adri Flores (guitarra), Andrés Villar y Néstor Fernández (gaitas), y guión de Carlos Torreiro.
Un bello y profundo espectáculo teatral basado en la obra de Federico García Lorca, donde la poesía, la música, el teatro y los títeres unieron su arte para recorrer a través de los sentidos y la magia nocturna de cuatro lunas, la voz de quien escribió, entre tantos otros bellísimos textos:
El Sueño va sobre el Tiempo
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del Sueño.
El Tiempo va sobre el Sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.
Sobre la misma columna,
abrazados Sueño y Tiempo,
la lengua rota del viejo.
Y si el Sueño finge muros
en la llanura del Tiempo,
el Tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!
(Verso perteneciente a la obra de teatro «Así que pasen cinco años», de Federico García Lorca)
*Créditos de las fotos: Lorena Pérez. Publicadas en el IG del Centro Cultural La Calle Larga.








