viernes, 28 de agosto de 2026

La radio construye ciudadanía
A 106 años de la primera transmisión argentina, la radio pública enfrenta el ajuste de Milei mientras continúa garantizando información, identidad y federalismo.
La radio argentina conmemoró este 27 de agosto sus 106 años en un escenario atravesado por el vaciamiento de los medios públicos, el desfinanciamiento de las emisoras comunitarias y la precarización de quienes trabajan para garantizar el derecho a la información. Frente a un Gobierno que reduce la comunicación a un negocio, defender la radio es defender una herramienta fundamental para la construcción de ciudadanía.
El 27 de agosto de 1920, Enrique Susini, César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mujica transmitieron la ópera Parsifal, de Richard Wagner, desde la terraza del Teatro Coliseo de Buenos Aires. “Los locos de la azotea” inauguraron una experiencia pionera que transformaría la comunicación y la vida cotidiana de los argentinos.
Desde entonces, la radio ingresó en los hogares, acompañó las jornadas de trabajo y llevó noticias, cultura, entretenimiento y acontecimientos deportivos a todo el territorio nacional. También permitió que millones de personas se reconocieran como integrantes de una misma comunidad, aun cuando las separaran miles de kilómetros.
Esa tarea adquiere una dimensión todavía mayor en los medios públicos. Radio Nacional y sus emisoras provinciales no existen para producir ganancias ni competir únicamente por el rating. Su función es garantizar que toda la población pueda acceder a información confiable, expresiones culturales diversas, contenidos educativos y noticias vinculadas con cada territorio.
Los medios públicos construyen ciudadanía porque crean un espacio compartido donde una sociedad puede informarse, reconocerse, debatir y ejercer sus derechos. Allí encuentran lugar las voces que el mercado descarta por no resultar rentables: comunidades rurales, pueblos originarios, organizaciones sociales, sindicatos, universidades, artistas locales y habitantes de regiones alejadas de los grandes centros urbanos.
El Gobierno de Javier Milei avanza en la dirección contraria. En Radio Nacional, la lucha sindical consiguió en julio una recomposición salarial acumulada del 17,62 por ciento para el período comprendido entre enero y agosto. Sin embargo, la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa advirtió que los salarios básicos continúan por debajo de la línea de indigencia.
La ofensiva también alcanza a las radios comunitarias, cooperativas, indígenas y de frontera. En enero, el Ente Nacional de Comunicaciones eliminó el Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual y lo reemplazó por un régimen que permite incorporar empresas comerciales. FARCO denunció que la medida debilita la pluralidad y transforma un derecho democrático en una oportunidad de negocios.
El ataque contra los medios públicos forma parte de una política más amplia destinada a disciplinar las voces críticas. Organizaciones sindicales, académicas y de derechos humanos denunciaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el hostigamiento oficial contra periodistas, la represión durante coberturas callejeras y el desmantelamiento del sistema federal de comunicación.
Por eso, el Día de la Radio no puede quedar reducido a una celebración nostálgica. No alcanza con recordar las grandes voces del pasado mientras se condena a la pobreza a quienes hoy sostienen los micrófonos, las consolas, las redacciones y los transmisores.
Defender la radio pública no significa defender a un gobierno ni justificar discursos oficiales. Significa exigir medios plurales, federales y abiertos a todas las expresiones políticas, sociales y culturales. Una democracia necesita información que no dependa exclusivamente del dinero, la publicidad o los intereses de los grandes grupos económicos.
A 106 años de aquella transmisión desde el Teatro Coliseo, la radio argentina continúa haciendo país. Frente al ajuste y el silencio que pretende imponer Milei, sus trabajadores y sus comunidades siguen manteniendo encendida una herramienta esencial para construir ciudadanía.






