Felipe Vallese, el obrero que la impunidad no pudo borrar

A 64 años de su secuestro y desaparición, el movimiento obrero recuerda al joven delegado metalúrgico y militante de la Resistencia Peronista convertido en símbolo de lucha contra la represión y la impunidad.

El 23 de agosto de 1962, Felipe Vallese fue secuestrado por integrantes de la Policía Bonaerense cuando se dirigía hacia su trabajo en el barrio porteño de Flores. Tenía 22 años, era delegado de la Unión Obrera Metalúrgica y militante de la Juventud Peronista. Su cuerpo nunca fue encontrado y su nombre quedó asociado a uno de los primeros casos de desaparición forzada de la historia argentina reciente.

Vallese trabajaba en la fábrica de Trafilación y Esmaltación de Alambres, donde había sido elegido delegado de sus compañeros. También participaba activamente de la Resistencia Peronista, que enfrentaba la persecución desatada después del golpe de Estado de 1955. El peronismo permanecía proscripto y miles de trabajadores eran perseguidos por sostener su identidad política y sindical.

Aquella noche, alrededor de las 23, varios hombres armados lo interceptaron sobre la calle Canalejas, actualmente denominada Felipe Vallese. El joven intentó resistirse y se aferró a un árbol mientras pedía ayuda, pero fue golpeado e introducido por la fuerza en un vehículo. El operativo fue ejecutado por personal de la Unidad Regional San Martín de la Policía Bonaerense.

El secuestro ocurrió durante el gobierno de José María Guido, impuesto cinco meses después del derrocamiento del presidente constitucional Arturo Frondizi. Vallese fue trasladado clandestinamente a dependencias policiales de San Martín y Villa Lynch, donde fue sometido a interrogatorios y torturas. Las investigaciones posteriores determinaron que murió como consecuencia de los tormentos y que su cuerpo fue ocultado.

Desde el primer momento, las autoridades policiales negaron tenerlo detenido. La Unión Obrera Metalúrgica presentó un habeas corpus y sus familiares, compañeros y organizaciones sindicales iniciaron una campaña para exigir su aparición. El encubrimiento estatal ya mostraba un mecanismo represivo que años después sería utilizado de manera sistemática por el terrorismo de Estado.

La investigación del periodista Pedro Leopoldo Barraza permitió reconstruir el recorrido de Vallese e identificar a los responsables. Barraza demostró que el operativo había sido planificado y que la Policía Bonaerense ocultó su muerte bajo tortura. En 1974, el periodista fue asesinado por la Triple A.

El oficial Juan Fiorillo fue señalado como jefe del grupo que secuestró y torturó al joven militante. Años después integró la Triple A y colaboró con el represor Ramón Camps durante la última dictadura cívico-militar. En 1971, 39 policías fueron condenados por la privación ilegítima de la libertad de Vallese, pero no por su asesinato.

La desaparición de Felipe Vallese se convirtió en una bandera del movimiento obrero y del peronismo. Su caso anticipó la articulación entre persecución política, tortura, encubrimiento institucional y desaparición de los cuerpos que alcanzaría una dimensión genocida después del golpe de 1976. La consigna atravesó generaciones y todavía mantiene toda su fuerza: “Un grito que estremece, Vallese no aparece”.

A 64 años, Felipe Vallese continúa presente en cada lucha por los derechos de los trabajadores y en la memoria del pueblo argentino. Recordarlo significa también reafirmar que la violencia estatal contra quienes se organizan nunca puede ser naturalizada. Memoria, Verdad y Justicia.

Gustavo Cano
Gustavo Cano

Periodista, comunicador y conductor radial.

Artículos: 11

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *