miércoles, 5 de agosto de 2026

La Nueva Doctrina de Seguridad: de Milei a Rubio, el hilo conductor de la Derecha Continental
En las últimas semanas, un mismo lenguaje ha resonado al unísono en las capitales de Sudamérica. En Argentina, el presidente Javier Milei advirtió sobre la existencia de "terroristas disfrazados de estudiantes, terroristas disfrazados de periodistas, terroristas disfrazados de profesores" .
En las últimas semanas, un mismo lenguaje ha resonado al unísono en las capitales de Sudamérica. En Argentina, el presidente Javier Milei advirtió sobre la existencia de «terroristas disfrazados de estudiantes, terroristas disfrazados de periodistas, terroristas disfrazados de profesores» . Casi al mismo tiempo, en Colombia, el entonces candidato presidencial Abelardo de la Espriella lanzaba su propia proclama: «todo aquel que bloquee vías, destruya bienes públicos o agreda a la fuerza pública será tratado como lo que es: un terrorista».
Lejos de ser exabruptos aislados o producto de personalidades excéntricas, estas declaraciones revelan la articulación de un fenómeno político continental: la emergencia de una nueva derecha que no actúa por nostalgia de las dictaduras del siglo XX, sino como un eslabón funcional y alineado con una estrategia geopolítica global, cuyo epicentro se encuentra en el nuevo rumbo del Departamento de Estado de Estados Unidos.
- Milei y el idioma del «Terrorismo Cultural»
El presidente argentino endureció su discurso contra quienes no comparten su ideología política al asegurar que existen «terroristas disfrazados» en la Argentina . Durante una entrevista televisiva, Milei hizo una interpretación caprichosa de la influencia del fundador del Partido Comunista italiano, Antonio Gramsci .
«La estrategia de Gramsci de tomar la educación, de tomar los medios de comunicación, de tomar la cultura, de tomar el Estado pasó a una etapa 2.0, entonces se le meten como estudiantes, como profesores, se le meten como investigadores. […] Usted tiene terroristas disfrazados de estudiantes, terroristas disfrazados de periodistas, terroristas disfrazados de profesores, terroristas disfrazados de investigadores», afirmó Milei .
Lo cuestionable del razonamiento del Presidente no sólo residió en la gravísima acusación de «terroristas» a sectores de la sociedad, sino que además guardó una relación directa con la lógica utilizada públicamente por el genocida Jorge Rafael Videla en 2010 . Durante uno de sus últimos juicios por crímenes de lesa humanidad, el dictador se refirió a la supuesta estrategia gramsciana utilizada por el kirchnerismo para «instaurar un régimen marxista» .
«Quienes hoy gobiernan nuestro país no necesitan de la violencia para acceder al poder porque están en el poder, y desde él intentan la instauración del régimen marxista a la manera de Gramsci, tomando de rehenes a las instituciones de la república», dijo Videla . «Gramsci puede estar satisfecho de sus alumnos», sentenció .
- Salles y el Enlace Gramsciano: Un Mismo Arsenal Ideológico
La conexión con el pasado no es casual. El exministro de Medio Ambiente de Jair Bolsonaro, Ricardo Salles, es un académico que ha trabajado extensamente con los conceptos gramscianos . Salles, historiador de formación, ha utilizado la teoría de la hegemonía de Gramsci para analizar procesos históricos, como la construcción del Estado imperial brasileño .
Esta coincidencia no implica que Milei se inspire directamente en Videla o Salles. Lo que revela es que todos ellos beben de un mismo arsenal ideológico que identifica a la educación y la comunicación como campos de batalla y a sus actores como «infiltrados» al servicio de una supuesta conspiración comunista.
La «teoría de la hegemonía cultural» de Gramsci es percibida por esta derecha como el manual de operaciones de la izquierda para tomar el poder desde la cultura, los medios y las instituciones educativas. Por eso, cuando Milei y Videla usan el mismo término («terroristas disfrazados») y citan al mismo autor (Gramsci), no están imitándose entre sí, sino recurriendo a un mismo repertorio discursivo.
- De la Espriella: El «Tigre» y la criminalización del otro
El caso colombiano es quizás el más explícito de esta nueva oleada. Abelardo de la Espriella, conocido como «El Tigre», ha hecho de la criminalización de sus opositores el eje de su campaña.
De la Espriella ha calificado al presidente saliente Gustavo Petro como un «drogadicto y miserable», un «delincuente» que debe ser vigilado por la fuerza militar . A su rival en el balotaje, Iván Cepeda, lo llama «bandido», «heredero de las FARC» y lo señala de ser aliado de «narcoterroristas».
«Sepan ustedes, señores de la izquierda, que en mí tendrán siempre un enemigo acérrimo, que hará todo lo que esté a su alcance para destriparlos», dijo De la Espriella al lanzar su campaña . Su promesa es contundente: declarar la «guerra frontal, sin tregua ni negociación, contra el narcoterrorismo».
Este lenguaje no es improvisado. Responde a la lógica de la Doctrina de Seguridad Nacional del siglo XXI, que ve amenazas en el activismo social y la producción cultural. De la Espriella ha hecho de la política de «Paz Total» de Petro su principal blanco, asegurando que «la sangre que hoy se derrama es consecuencia directa de la tal Paz Total de pacotilla».
- La vuelta de la Doctrina de la Seguridad Nacional
La Doctrina de la Seguridad Nacional, que en el siglo XX sirvió para justificar las dictaduras militares en el Cono Sur, se ha actualizado para el siglo XXI:
| Antiguo enemigo | Nuevo enemigo |
| El «enemigo interno» comunista | El «terrorismo de izquierda transnacional» |
| Movimientos guerrilleros | Gobiernos (Cuba, Venezuela), movimientos sociales, sindicatos, académicos y periodistas críticos |
La lógica es la misma: la seguridad nacional ya no se defiende solo de amenazas externas, sino que se debe «limpiar» el tejido social de aquellos que, desde dentro, socavan los valores occidentales y cristianos.
Cuando Milei llama «terroristas» a los docentes o De la Espriella a sus rivales políticos, están aplicando esta doctrina a escala doméstica, identificando a sectores de la población como amenazas a la seguridad del Estado que representan.
El contexto colombiano es particularmente revelador. El gobierno saliente denunció la existencia de «decenas de toneladas de explosivos en Cali», advirtiendo que grupos del narcotráfico buscan «actuar de manera terrorista para dar la excusa de la conmoción interior» . Este escenario es el caldo de cultivo perfecto para la estrategia de De la Espriella: la «conmoción interior» es el mecanismo clásico de la Doctrina de Seguridad Nacional para justificar la suspensión de garantías y la persecución del «enemigo interno» .
- Marco Rubio y el «Macartismo 2.0»: el centro de la estrategia
El punto culminante de este análisis es el alineamiento con la estrategia de Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos. Rubio ha diseñado lo que se ha denominado un «Macartismo 2.0»: una cruzada ideológica que utiliza la acusación de «terrorismo de izquierda» como arma política .
Su estrategia incluye:
La criminalización por asociación: No necesita pruebas; la simple sospecha es suficiente para señalar a gobiernos, movimientos sociales y académicos como parte de una red terrorista transnacional.
Una estrategia de guerra cognitiva: Su cumbre ministerial y el informe sobre Cuba son operaciones para instalar un relato, criminalizar la disidencia y alinear a los países satélites.
La restauración de la intimidación: Busca legitimar políticas que recuerdan al nefasto Plan Cóndor, que se basó en similares pretextos.
Aquí es donde Milei y De la Espriella se vuelven actores perfectamente alineados con la nueva política del Departamento de Estado. No están «locos»; están alineados. Sus discursos:
- Refuerzan el relato de Rubio: Al llamar «terroristas» a actores culturales y educativos, Milei legitima y amplifica la misma categoría que Rubio usa para criminalizar a gobiernos y movimientos enteros.
- Actúan como agentes de la «batalla cultural»: Mientras Rubio lidera la ofensiva geopolítica, Milei y De la Espriella ejecutan la versión doméstica, purgando el «enemigo interno» en sus países.
- Comparten el mismo marco ideológico: Todos operan bajo la lógica de que el principal conflicto no es económico, sino cultural e ideológico, y que la batalla se libra contra una «izquierda transnacional» que debe ser derrotada.
De la Espriella ha sido explícito en este alineamiento. Tras conocerse su triunfo electoral, Marco Rubio lo felicitó personalmente por teléfono y delineó los tres ejes de cooperación: seguridad regional, control migratorio y fortalecimiento de lazos económicos. El «Tigre» ha manifestado su intención de sumarse al «Escudo de las Américas», la iniciativa de seguridad de Donald Trump, con quien expresa una «plena identidad» en políticas de seguridad.
Conclusión: el cuadro completo
La correlación es precisa y evidencia una cadena de coherencia ideológica y estratégica:
Milei utiliza el lenguaje de la «batalla cultural» (Gramsci) para criminalizar a la oposición interna.
Ese lenguaje es un tropo recurrente en la derecha dura, desde Videla hasta Salles y De la Espriella, pero no por herencia directa, sino por pertenecer a un mismo sustrato ideológico anticomunista.
Este sustrato se ha actualizado en la renovada Doctrina de la Seguridad Nacional, que ve amenazas en el activismo social y la producción cultural.
Finalmente, esta doctrina es promovida activamente por Marco Rubio como una política de Estado de EE.UU. para la región, convirtiendo a Milei y De la Espriella en aliados útiles y coherentes, no en desequilibrados, sino en ejecutores locales de una estrategia global de la derecha estadounidense.
Milei y De la Espriella no están locos, son productos lógicos y funcionales de la nueva derecha internacional, y sus discursos son engranajes en la maquinaria de influencia que busca reinstaurar una ortodoxia de seguridad nacional en el continente.
Por Ramiro Carlos H. Caggiano Blanco – Abogado, profesor y doctor en lingüística.







